Sara Kane, Psicósis 4:48

¿Por dónde empiezo?

¿Dónde me paro?

¿Cómo empiezo?

(Ya que pretendo continuar)

¿Cómo hago para parar?

¿Cómo hago para parar?

¿Cómo hago para parar?

¿Cómo hago para parar?

¿Cómo hago para parar?                                                                     Una dosis de sufrimiento ¿Cómo hago para parar?                                                           que me atraviesa los pulmones ¿Cómo hago para parar?                                                                             Una dosis de muerte ¿Cómo hago para parar?                                                                        que me exprime el corazón

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Cuando leo las obras de esta señora a la que pronto alcanzaré en años de vida, deseo entender un poco su mente, su pensamiento, su manera de ver el mundo.

Me perturba de cierta manera la forma desgarrada y cruda con la que escribía, cómo si la vida le doliera, cómo si el oxígeno desgarra su piel…

Les comparto Psicosis de las 4:48, por si les apetece.

Tengo un reto de frases de parte de https://blogdefabio.com/ , pero cambio un poco la dinámica y en lugar de las frases les dejo fragmentos de mis textos favoritos y el PDF como sugerencia.

 

V.

 

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Las voces

Escuchas. Las voces.

No hablan para ti.

Aúllan, persiguen. No es difícil morir.

Vacío, vértigo.

Y amanece en la mirada de los perdidos.

Escuchas, te escuchas.

Hay algo que se mueve por dentro.

Las voces te dicen

No lo dejes ir.

Te caes, te ensucias.

Aprecias la perspectiva.

Escuchas.

Susurros.

Trasmuta a mago el primer loco.

Por última vez, un simple final.

Basura a la deriva (Entrada anterior)

Viernes

Me pregunto qué hora será.

Camino por las calles desiertas de los alrededores de la plaza principal. La luna está simplemente hermosa, aunque hace un poco de frío que me llega incluso más allá de los músculos.

Durante la semana he estado un poco ida, quizá estoy susceptible, o tal vez me vaya a enfermar.

Los días pasan sin prisa y aunque he estado invernando en mi cueva he aprovechado ese tiempo para pensar en mi.

Pronto será la semana de carnaval y es algo que no disfruto, las calles empiezan a heder a cerveza derramada, orines, y sexo, las personas creen que es divertido arrojar agua, tinta y espuma sintética a los transeúntes y algunas calles simplemente permanecen cerradas.

No es que sea especial, es sólo una tradición que no disfruto de ninguna manera.

Sin embargo, a pesar del calor del medio y el frío de la luna llena, hoy te vi. Estabas feliz por un nuevo proyecto para el que la filarmónica municipal de contrató. Serás el encargado de ambientar la escenografía y por ello mismo me llamaste. Quieres que sea tu asistente.

Sé que es tu manera de sacarme de este abismo al que yo sola me he metido por decisión propia y eso me hace muy feliz a mí también. Así que decidí contarte lo que me pasa.

Tal vez retome las clases en la universidad, después de todo, no puedo ser tan terca. Me pregunto, porque realmente tengo la duda, si no fuiste tú el detonante. Verte agradecido con lo que haces, es bello.

Mañana mi hermana irá a limpiar, y llevará a su minino a aplicarse algunas vacunas. Supongo que la acompañaré.

Camino despacio y siento las ganas absolutas de quitarme los zapatos. A pesar de la suciedad de las calles, lo hago y cierro los ojos extendiendo mis brazos.

Quiero gritar.

Algo que se había roto en mi empieza a sanar.

—Mar-ga-ri-ta—Una voz conocida saluda a mis espaldas.

Es él.

—Hola—No puedo evitar que mis ojos brillen en ese momento y noto que se sorprende un poco.

—Estás descalza—señala lo obvio—Estás drogada—Se equivoca.

Sonrío y lo abrazo.

—No lo estoy, disculpa lo de la otra noche. Tuve visita inesperada.

—Tengo un regalo para ti.

—¿Escuchaste lo que dije? Lo siento.

—Podríamos ir a tu casa ahora mismo…

—Disculpa, no es necesario. Es bueno recordar porque ya no estamos juntos.

—¿A qué te refieres? Fuiste tú la que me llamó la otra noche.

—Cometí un error. Disculpa.

—Disculpa—Repite y en su voz hay un dejo de odio.

Por primera vez en mucho tiempo, me asusto.

—Se me hace tarde. ¿Tomamos un café mañana?

—Dije que tengo un obsequio para ti.

Por alguna razón mis manos tiemblan y siento un cosquilleo que parte desde mi nariz hasta mis ojos.

—Debo irme, ¿nos vemos mañana en el café de siempre?

—Margarita—La pausa que hace me hiela la sangre—¿Me quieres o no me quieres?

—Te quiero—Musito con la voz un poco ronca.

—¿Quién era el hombre con el que estabas hace rato?

—Un amigo —Bajo la mirada y me calzo torpemente.

—Un amigo…

—Ya me voy, quedamos para mañana, disculpa. Que tengas buenas noch…

Pero antes de que me de la vuelta siento como sus dedos poderosos aferran mi brazo y me atrae hacia él. Muerde mis labios y los jala antes de soltarlos.

Trato de gritar, pero una de sus manos sostiene mi cabeza y antes de que reaccione me ha empujado contra el suelo. Caigo pasmada.

No puedo reaccionar.

Me arrastra del cabello por media calle, me sube a su auto que ha dejado en una esquina y nos vamos.

He desperdiciado la vida.

Hoy te vi por última vez.

Fin.

Necesito vuestra ayuda.

Una interesante idea, espero que nos unamos los suficientes para hacerla realidad.

El Destrio

Creo firmemente que escribir puede ser útil para los demás. Quienes lo hacemos tenemos el poder de comunicar, de transmitir sentimientos e ideas, y también de generar emociones y conocimiento en quienes nos leen. Un cuento, un poema o una novela pueden ser una vía de expresión, un ejercicio que es parte de un proceso de aprendizaje, una forma de abrirnos a los demás y de desarrollar nuestra creatividad e incluso un mero divertimento, pero además de ello cualquiera de nuestras creaciones pueden servir a la sociedad. Desde esta perspectiva escribir es un medio lograr para fines más elevados.

He escogido el titulo de esta entrada con mucho cuidado. Quería llamar la atención, pero no de cualquiera: Solo de esa clase de personas que reaccionan ante una necesidad, que están dispuestas a ayudar cuando piensan que hacen falta. Porque esas personas disponen del segundo componente: La voluntad de ayudar.

Estos dos componentes,

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Basura a la deriva

—Eso dije.

Me siento un poco abrumada, dejo la máscara y el pincel a un lado y recuesto la cabeza encima de la mesa. Casi puedo oír a mamá diciéndome que vivo con una actitud de pereza crónica. «¿Podrías aparentar ser un poco más activa cuando no estés sola, por favor?»

Ser activa… ¿Cómo lo logran? ¿De dónde sacan tanta energía para hacer tantas cosas en un día?

Suspiro.

—Es una persona amable. Creo que le pasa algo conmigo. De repente me hace compañía sin que hayamos programado algo, me llama cuando tiene tiempo.

—Crees que le pasa algo. ¿No cree que siente cosas por ti?

—Cariño, yo también siento cierta fascinación por este personaje entrometido en mis días. ¿Alguna vez te pregunto sobre las personas que conoces? —De hecho, Marcos es de los que te cuentan cada detalle de lo que les pasa sin que tú le preguntes.

—No creo que seas ingenua—Ahora está irritado y yo satisfecha —Creo que te gusta hacer creer a los demás que eres estúpida. ¿Por qué no haces algo por tu vida? ¿Por qué vives con esa mirada de depresión que pretende cargar con todo el peso del mundo? Y luego simplemente dices: Soy una persona banal, no me importa nada. Lamento confundirte. Es como si no tuvieras aspiraciones, y eso es patético y triste.

¿Planeas quedarte con esa misma actitud para cuando cumplas cuarenta o sesenta años? O sólo te dejaras llevar por el oleaje…

Y este es Marcos en su personalidad superada. Te engancha en sus conversaciones que parecen de cierta forma banales y divertidas, pero luego te toma del cuello y te hace una llave de judo en la conciencia. Te despluma lentamente, deshace los pocos vestigios de tu autoestima, te enfrenta a ti misma a la persona que realmente eres y que generalmente no presentas a nadie y luego se aleja sonriendo, diciendo alguna vulgaridad que pretende hacer que olvides sus ponzoñosas palabras.

Cuando por fin me voy a casa, arrastro los pies porque estoy concentrada aún en las cosas que no puedo comprender.

 

 

 

 

Curiosidad

No hay remedio (Entrada anterior)

—Buenos días perra—Marcos extiende una taza de café hacia mí y se sienta a mi lado. Llevo una semana madrugando para ayudarle en su trabajo y tengo los ojos en las entrañas—¿Es que no duermes por las noches?

Con mirada inquisitiva repara mi ropa arrugada, mi rostro sin maquillaje, mis uñas comidas, mi piel pálida y el temblor en mis manos.

—¿Estás bien? —Su voz adquiere un tono serio y neutro que me da a entender que está en modo mejor amigo, se sienta a mi lado y me abraza sin decir nada más. Al cabo de un rato la proximidad me incomoda y lo aparto con delicadeza, sé que solo está preocupado.

—Estoy bien—Afirmo acomodándome y dándole un pequeño sorbo a la energizante bebida que empieza a enfriarse—Tal vez he pescado un resfriado—Miento apoyando el codo en la mesa y la mano en el mentón.

 

Realmente estoy bien, el insomnio es producto de la luna.

Cuando está en su fase de luna llena, el satélite me impide conciliar el sueño, así que para no pelear con la almohada ocupo las horas de la noche para realizar cualquier actividad. No me molesta en absoluto, por la noche hay más silencio, es más fresco y agradable.

El problema es cuando me comprometo a hacer cosas durante el día y no me da tiempo de descansar.

 

—¿Lo has vuelto a ver? —Marcos no me cree, obviamente. Y de alguna manera tiende a relacionar los problemas de los demás con temas pasionales. Es como cuando descubrió las marcas en mi cuerpo.

 

—Últimamente va a cenar con frecuencia en el apartamento—Tomo una de las máscaras de yeso que llevamos haciendo toda la semana. Esta me gusta más que todas, no tiene ninguna expresión.

 

—¿Y? cuéntame bien. —Me quita la máscara de las manos y toma el pincel. —Puedes pintar mientras hablas.

 

Pero yo no tengo ganas de hablar. Tengo ganas de irme a casa.

Aun así, obedezco.

 

—No tengo nada que contar Marcos, no seas chismoso. ¿Cuándo te presentas?

 

Marcos hace teatro. Cuando está encima de las tablas, el Marcos cansino y hablador, amanerado y de sonrisa fácil se pierde y deja cabida a los personajes que interpreta.

 

—Si no quieres contar, es porque hay algo que decir. No te sacaré el dedo del …

 

—Está bien. No pasa nada. No tengo sueño últimamente es todo. ¿Por qué eres tan insistente? Tampoco es que mi vida sea algo que te interese—Caigo en cuenta de repente—Pregunta directo “marico”. Date por enterado que mi vida no gira en relación a ningún hombre. A veces me fascino por alguno en particular. Pero…

 

—No te sientas presionada, sólo tengo curiosidad. —Interrumpe mostrándome una de sus sonrisas falsas.

 

—¿Curiosidad?