Sueño

Se supone que las cosas deben empezar por el comienzo…

se necesita un génesis, para darle veracidad al apocalipsis.

Pero yo nací el día mismo en que morí.

El frio metal de la navaja atravesó mi piel

y se acomodó a un lado del corazón,

haciendo imposible su salida.

Consiente de todo esto, de los curiosos

y espontáneos que se aglomeraron

a mí alrededor, viendo

como entre horcadas de sangre

y saliva yo agonizaba.

El dolor punzante,

fue sustituido por una paz absoluta

que embargó mi alma

que luchaba para salir de la caja mortal

en la que se encontraba empacada.

Tanto tiempo buscando morir,

tantos suicidios frustrados,

para acabar asesinado

en una calle mugrosa y mal oliente.

Cerré los ojos deseando desmayarme

y oí la risa histérica de mis demonios reclamándome,

la paz y la oscuridad son una sola,

el silencio deja sordos mis oídos.

 

Sueño 1

Iba cabalgando en un caballo rojizo entre árboles de ramas sin hojas ni flores. Era un pequeño bosque, sin caminos hechos por humanos; de una vegetación húmeda que dificulta el paso.

Cuando ya empezaba a molestarme la montura  y mi espalda no aguantaba el bamboleo del animal, se abrió ante mí un claro infinito que parecía iluminado con luces brillantes. En medio del claro un hermoso árbol de mandarina se mecía al viento con delicadeza como bailando una melodía que solo si prestaba mucha atención podía oír.

Del árbol pendían cuatro mandarinas, una muy grande de un redondez perfecta, pero cuando le saqué la cáscara, y pese a su aspecto jugoso la encontré amarga  e incomible. Mientras el caballo pastaba en la hierba, temeroso a acercarse al árbol, yo pelé las otras tres mandarinas, dejándome cada una la sorpresa de estar secas por dentro, sin sabor  y pálidas…