Por última vez, un simple final.

Basura a la deriva (Entrada anterior)

Viernes

Me pregunto qué hora será.

Camino por las calles desiertas de los alrededores de la plaza principal. La luna está simplemente hermosa, aunque hace un poco de frío que me llega incluso más allá de los músculos.

Durante la semana he estado un poco ida, quizá estoy susceptible, o tal vez me vaya a enfermar.

Los días pasan sin prisa y aunque he estado invernando en mi cueva he aprovechado ese tiempo para pensar en mi.

Pronto será la semana de carnaval y es algo que no disfruto, las calles empiezan a heder a cerveza derramada, orines, y sexo, las personas creen que es divertido arrojar agua, tinta y espuma sintética a los transeúntes y algunas calles simplemente permanecen cerradas.

No es que sea especial, es sólo una tradición que no disfruto de ninguna manera.

Sin embargo, a pesar del calor del medio y el frío de la luna llena, hoy te vi. Estabas feliz por un nuevo proyecto para el que la filarmónica municipal de contrató. Serás el encargado de ambientar la escenografía y por ello mismo me llamaste. Quieres que sea tu asistente.

Sé que es tu manera de sacarme de este abismo al que yo sola me he metido por decisión propia y eso me hace muy feliz a mí también. Así que decidí contarte lo que me pasa.

Tal vez retome las clases en la universidad, después de todo, no puedo ser tan terca. Me pregunto, porque realmente tengo la duda, si no fuiste tú el detonante. Verte agradecido con lo que haces, es bello.

Mañana mi hermana irá a limpiar, y llevará a su minino a aplicarse algunas vacunas. Supongo que la acompañaré.

Camino despacio y siento las ganas absolutas de quitarme los zapatos. A pesar de la suciedad de las calles, lo hago y cierro los ojos extendiendo mis brazos.

Quiero gritar.

Algo que se había roto en mi empieza a sanar.

—Mar-ga-ri-ta—Una voz conocida saluda a mis espaldas.

Es él.

—Hola—No puedo evitar que mis ojos brillen en ese momento y noto que se sorprende un poco.

—Estás descalza—señala lo obvio—Estás drogada—Se equivoca.

Sonrío y lo abrazo.

—No lo estoy, disculpa lo de la otra noche. Tuve visita inesperada.

—Tengo un regalo para ti.

—¿Escuchaste lo que dije? Lo siento.

—Podríamos ir a tu casa ahora mismo…

—Disculpa, no es necesario. Es bueno recordar porque ya no estamos juntos.

—¿A qué te refieres? Fuiste tú la que me llamó la otra noche.

—Cometí un error. Disculpa.

—Disculpa—Repite y en su voz hay un dejo de odio.

Por primera vez en mucho tiempo, me asusto.

—Se me hace tarde. ¿Tomamos un café mañana?

—Dije que tengo un obsequio para ti.

Por alguna razón mis manos tiemblan y siento un cosquilleo que parte desde mi nariz hasta mis ojos.

—Debo irme, ¿nos vemos mañana en el café de siempre?

—Margarita—La pausa que hace me hiela la sangre—¿Me quieres o no me quieres?

—Te quiero—Musito con la voz un poco ronca.

—¿Quién era el hombre con el que estabas hace rato?

—Un amigo —Bajo la mirada y me calzo torpemente.

—Un amigo…

—Ya me voy, quedamos para mañana, disculpa. Que tengas buenas noch…

Pero antes de que me de la vuelta siento como sus dedos poderosos aferran mi brazo y me atrae hacia él. Muerde mis labios y los jala antes de soltarlos.

Trato de gritar, pero una de sus manos sostiene mi cabeza y antes de que reaccione me ha empujado contra el suelo. Caigo pasmada.

No puedo reaccionar.

Me arrastra del cabello por media calle, me sube a su auto que ha dejado en una esquina y nos vamos.

He desperdiciado la vida.

Hoy te vi por última vez.

Fin.

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