Curiosidad

No hay remedio (Entrada anterior)

—Buenos días perra—Marcos extiende una taza de café hacia mí y se sienta a mi lado. Llevo una semana madrugando para ayudarle en su trabajo y tengo los ojos en las entrañas—¿Es que no duermes por las noches?

Con mirada inquisitiva repara mi ropa arrugada, mi rostro sin maquillaje, mis uñas comidas, mi piel pálida y el temblor en mis manos.

—¿Estás bien? —Su voz adquiere un tono serio y neutro que me da a entender que está en modo mejor amigo, se sienta a mi lado y me abraza sin decir nada más. Al cabo de un rato la proximidad me incomoda y lo aparto con delicadeza, sé que solo está preocupado.

—Estoy bien—Afirmo acomodándome y dándole un pequeño sorbo a la energizante bebida que empieza a enfriarse—Tal vez he pescado un resfriado—Miento apoyando el codo en la mesa y la mano en el mentón.

 

Realmente estoy bien, el insomnio es producto de la luna.

Cuando está en su fase de luna llena, el satélite me impide conciliar el sueño, así que para no pelear con la almohada ocupo las horas de la noche para realizar cualquier actividad. No me molesta en absoluto, por la noche hay más silencio, es más fresco y agradable.

El problema es cuando me comprometo a hacer cosas durante el día y no me da tiempo de descansar.

 

—¿Lo has vuelto a ver? —Marcos no me cree, obviamente. Y de alguna manera tiende a relacionar los problemas de los demás con temas pasionales. Es como cuando descubrió las marcas en mi cuerpo.

 

—Últimamente va a cenar con frecuencia en el apartamento—Tomo una de las máscaras de yeso que llevamos haciendo toda la semana. Esta me gusta más que todas, no tiene ninguna expresión.

 

—¿Y? cuéntame bien. —Me quita la máscara de las manos y toma el pincel. —Puedes pintar mientras hablas.

 

Pero yo no tengo ganas de hablar. Tengo ganas de irme a casa.

Aun así, obedezco.

 

—No tengo nada que contar Marcos, no seas chismoso. ¿Cuándo te presentas?

 

Marcos hace teatro. Cuando está encima de las tablas, el Marcos cansino y hablador, amanerado y de sonrisa fácil se pierde y deja cabida a los personajes que interpreta.

 

—Si no quieres contar, es porque hay algo que decir. No te sacaré el dedo del …

 

—Está bien. No pasa nada. No tengo sueño últimamente es todo. ¿Por qué eres tan insistente? Tampoco es que mi vida sea algo que te interese—Caigo en cuenta de repente—Pregunta directo “marico”. Date por enterado que mi vida no gira en relación a ningún hombre. A veces me fascino por alguno en particular. Pero…

 

—No te sientas presionada, sólo tengo curiosidad. —Interrumpe mostrándome una de sus sonrisas falsas.

 

—¿Curiosidad?

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