Basura a la deriva

—Eso dije.

Me siento un poco abrumada, dejo la máscara y el pincel a un lado y recuesto la cabeza encima de la mesa. Casi puedo oír a mamá diciéndome que vivo con una actitud de pereza crónica. «¿Podrías aparentar ser un poco más activa cuando no estés sola, por favor?»

Ser activa… ¿Cómo lo logran? ¿De dónde sacan tanta energía para hacer tantas cosas en un día?

Suspiro.

—Es una persona amable. Creo que le pasa algo conmigo. De repente me hace compañía sin que hayamos programado algo, me llama cuando tiene tiempo.

—Crees que le pasa algo. ¿No cree que siente cosas por ti?

—Cariño, yo también siento cierta fascinación por este personaje entrometido en mis días. ¿Alguna vez te pregunto sobre las personas que conoces? —De hecho, Marcos es de los que te cuentan cada detalle de lo que les pasa sin que tú le preguntes.

—No creo que seas ingenua—Ahora está irritado y yo satisfecha —Creo que te gusta hacer creer a los demás que eres estúpida. ¿Por qué no haces algo por tu vida? ¿Por qué vives con esa mirada de depresión que pretende cargar con todo el peso del mundo? Y luego simplemente dices: Soy una persona banal, no me importa nada. Lamento confundirte. Es como si no tuvieras aspiraciones, y eso es patético y triste.

¿Planeas quedarte con esa misma actitud para cuando cumplas cuarenta o sesenta años? O sólo te dejaras llevar por el oleaje…

Y este es Marcos en su personalidad superada. Te engancha en sus conversaciones que parecen de cierta forma banales y divertidas, pero luego te toma del cuello y te hace una llave de judo en la conciencia. Te despluma lentamente, deshace los pocos vestigios de tu autoestima, te enfrenta a ti misma a la persona que realmente eres y que generalmente no presentas a nadie y luego se aleja sonriendo, diciendo alguna vulgaridad que pretende hacer que olvides sus ponzoñosas palabras.

Cuando por fin me voy a casa, arrastro los pies porque estoy concentrada aún en las cosas que no puedo comprender.

 

 

 

 

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3 thoughts on “Basura a la deriva

  1. Creo que, de alguna manera, todos somos “basura a la deriva” (unos más que otros, claro). Caminar en la “dirección correcta” siempre me ha parecido extremadamente insulso y aburrido (además de peligroso). Al menos a la deriva se está en movimiento, aunque nunca se acabe de llegar a puerto alguno. Peor es no sentir ni padecer, estar anclado a esa calma chicha en la que algunos, por interés propio, se empeñan en vernos siempre. Una vez más, tu texto no me deja indiferente, y lo agradezco. Salud(os).

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