Tengo un gato que alimentar

El circo (Entrada anterior)

Mientras te ríes de las insulsas gracias de los payasos que fingen estar ebrios me asaltan cantidades de preguntas sobre ti. ¿Qué buscabas en mi nevera? Suelto la carcajada al imaginarme preguntándote eso. Eres (o eso creo) de las personas que les gustan las charlas profundas. Lo lamento soy superficial en ese sentido.

Me ves reírme y guiñas el ojo izquierdo, los payasos se han ido no sin antes caer aparatosamente sobre el escenario. Lo más hermoso del circo es el público.

Para el cierre un hombre hipnotiza a varios voluntarios del público y finalmente salimos.

—Muero de hambre—Gimo dando pequeños saltitos—Me voy a casa. Gracias por la invitación.

—¡Espera! Te invito, vamos a algún lugar… o compremos algo y lo preparamos en tu apartamento. Es temprano.

—No hay necesidad, cojo un taxi.

—¿En serio te vas así no más?

—Tengo un gato que alimentar.

Te quedas viendo como me alejo y no me sigues, el vehículo para y me subo. Te veo a través del retrovisor como sigues parado ahí, sin moverte y tengo el arranque de bajarme, pero no lo hago.

Ha empezado a hacer frio, le digo la dirección al chofer y lo llamo. Sé que es una imprudencia por la hora, pero él contesta en seguida.

—Buenas noches mi amor.

—Hola.

—¿Qué haces?

—Te espero en una hora en mi casa.

Cuelgo.

Lo he llamado, a pesar de que me he prometido no hacerlo más. No tiene importancia, pero siento que algo se rompe dentro de mí. Acabo de romper una promesa que me hice a misma. Y eso duele, pues es a mí a quien traiciono. Y a él al que lastimo.

Nuevamente siento el impulso de bajarme y buscarte, pero me reprimo.

Me lo pienso mejor y le pido al taxista que me deje en el supermercado que hay cerca de mi casa, pago y me bajo.

Mientras escojo con descuido algunas cosas para mi cena y el desayuno del día siguiente se me salen las lágrimas, me siento derrotada. Esta persona a la que acabo de llamar la quiero mucho, aun cuando me deje hundida cada vez que se va.

Camino lento porque las bolsas pesan y porque no tengo ninguna prisa en llegar, estoy tratando de poner la mente en blanco, pero es imposible, se me acerca un grupo de hombres y uno me toca la nalga.

Me quedo mirándolo unos segundos y sigo mi camino, escucho sus risas detrás de mí. Si no tuviera las manos ocupadas… no importa, sé que lo volveré a encontrar, he memorizado sus facciones.

Ya casi he llegado a la esquina de mi pequeño edificio y ahí estás.

Parado frente a la puerta esperándome. Has tomado un atajo, supongo. Me siento temblar y no sé cómo reaccionar al verte.

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6 thoughts on “Tengo un gato que alimentar

      1. No veo nada extraño en que mantengas una posición subjetiva durante la narración, quizás te sea más costoso y fuerza un poco la atención del lector, pero se comprende el texto sin mayor dificultad. O eso me parece. No sé porqué cuando escribes has, del verbo haber, el procesador de texto lo sustituye por un haz, que se refiere a un conjunto de flechas o a una trabazón de leña. Un beso.

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  1. Pingback: No hay remedio

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