El circo

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—Temí que no vinieras—Confiesas frente a mí—Espero que no estés molesta por la fotografía.
—Es la única a blanco y negro. ¿Cómo te llamas?
Pareces sorprendido.
—Te lo dije anoche,
—Si no me lo dices de nuevo tendré que llamarte Mortadelo—Suelto con voz tierna y tú suelta como un cascabel alegre tu risa que hace que tus ojos se achiquen.
—Jaime, me llamo Jaime—Y haces una reverencia algo rebuscada que me sorprende un poco, pero a la que ignoro—¿Por qué tienes esa cara?

Como reflejo para no responder que ya me harte un poco de mirar las benditas fotografías, me doy por enterada de la existencia de las demás personas a nuestro alrededor. La lolita se ha marchado, pero cerca hay otras personas vestidas de negro (como todos) esperando su turno para hablar contigo…o tal vez es lo que me parece a mí.

Pero, aunque intento que dirijas tu atención hacia ellos me preguntas si no me encuentro cómoda.

—Lo siento, intentaré pasarla bien. Es algo que me pasa desde niña, ni siquiera ahora disfruto mucho de los recitales de mi hermana.
—¿Recitales?
—Toca el violín.
Ahora eres tú el que ladea la cabeza como sopesando algo.
—Vamos—Tomas mi brazo y una vez más soy arrastrada, pero esta vez hacia fuera.
—¿Qué haces?
—Es la primera vez que te veo sorprendida por algo—Te ríes soltándome y haces parar un taxi.
—Sube.

Una vez dentro nos quedamos en silencio.
Veo a través de la ventana a los transeúntes que pasean o van a paso rápido camino a sus hogares.
Tengo hambre, no he comido en todo el día.
Las luces amarillas de la ciudad me parecen nostálgicas, me llenan de algo en mi interior, pero de alguna manera no es una tristeza normal, sino más bien un sentimiento de lejanía. Como si viera todo a través de una pantalla, y al mismo tiempo deseara formar parte de la escena.
Me acuerdo que estás a mi lado y te descubro observándome. Sonríes.

—Ya vamos a llegar—Dices con la voz un poco ronca—Cierra los ojos y no hagas trampa.
Detienes al taxista, bajas y abres mi puerta, me ayudas porque tengo los ojos cerrados y luego tú mismo los cubres con tus manos heladas. Hueles a café.

Caminamos un trayecto corto y quitas tus manos esperando ver mi reacción.
—Ah, un circo.
—Se te ve tan animada…—Bromeas y me jalas. Empiezo a pensar que debo tener un cartel pegado en la espalda que dice “Jálame”.

Mientras hacemos fila para ingresar noto que no puedes dejar de lanzarme miradas mal disimuladas

—¿Qué pasa?
—¿Haz perdido tu capacidad de asombro?
No respondo e inmediatamente tengo ganas de huir de ti. Ese es el problema de dejar que las personas invadan tu mundo.
Realmente…ya no me siento cómoda a tu lado. Busco alguna salida para no parecer que te planto, pero antes de que diga nada preguntas:
—¿Quieres una manzana con caramelo?
—No, tengo dulces en una bolsita. Me los regalo mi madre esta tarde.
—Eso explica las bolsas con dulces que vi dentro de tu nevera.

La música alegre que sale de la carpa colorido atrae mi atención. Mi corazón se agita, veo los payasos ir de un lado al otro haciendo los últimos preparativos para el show. Estoy feliz.

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8 thoughts on “El circo

      1. Estuve en la costa y allí la conexión del móvil funciona a ratos. En la playa es algo más estable, pero llovió bastante y apenas pude conectar con el correo. Creo que es una técnica dificil con la cual podrás aprender mucho y que te será muy útil más adelante. Dota al texto de un sentido íntimo, como de pensamientos traslucidos. Un beso.

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