Sober

La mascota y la hermana (Entrada previa)

De los viernes me gusta la noche, como a todos.

La diferencia es que mis lunes son como mis viernes, ya que no trabajo y vivo de la caridad de mis padres, no me esfuerzo por conseguir cosas y vivo en el que era el apartamento de mi abuela fallecida. Llevo una vida tranquila, a mi modo. Pero este viernes he decido drogarme sola en casa, me siento como la chica de esa canción de Pink, Sober. No quiero ser la chica de la fiesta eterna.

La primera vez que lastimé mi piel, mamá pensó que quería suicidarme así que me dijo: «Si te mueres, te entierro. Punto. No creas que algo cambiará en el mundo»

Esta noche mientras paso con suavidad el cuchillo por mis costillas, comprendo que nunca he querido una salida fácil. Pero sí tengo la necesidad de sentir que vivo. Para eso es el dolor que me infrinjo. No es que tenga que darle explicaciones a nadie, pero de repente me encuentro pensando en eso. ¿Si alguien preguntara que le contestaría? En realidad, no tengo razones, que importa.

El teléfono suena, dudo en contestar pero finalmente lo hago.

—Hola.

—Margara, vamos para tu casa, nos han sacado del boliche…somos varios.

—Traigan Stolichnaya.

Supongo que no necesito salir esta noche.

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3 thoughts on “Sober

  1. Está claro que la necesidad de salir la noche descrita se hace innecesaria. Solo cabe esperar que los participantes no metan mucho ruido… para que no despierten la envidia de los vecinos. Salud(os) y un abrazo.

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  2. Pingback: Charla en el sofá

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