El bálsamo de tu presencia

Puedo escribir poemas sobre la piel de tu vientre,
puedo hablar de amor con mi lengua en tu ombligo.

Los pliegues de tus labios no guardan secretos.
Jadeas en el punto culminante,
la sangre se detiene,
el corazón ya no late.

El rosa de tus mejillas se desvanece y
el brillo de tus ojos se convierte en cortante vidrio,
la primavera contenida se desvanece,
el hedor del mundo corroe la pureza.

Puedo ver como se escapa el bálsamo de tu presencia,
puedo sentir la rigidez que comienza desde tu interior.

Una historia para Halloween (III)

El sábado no había mejorado la condición climatológica, la neblina comenzaba a volverse espesa y el frío de la noche anterior le provocó tantos calambres, que todavía sentía cierto dolor en los músculos. Mientras esperaba en la parada de autobuses, frotó sus manos enguantadas en busca de calor. Odiaba el invierno.

El paisaje gris de la ciudad que se extendía a su alrededor, le parecía descorazonador, aun las casas que de alguna manera intentaban resaltar con colores alegres parecía que con los días iban adquiriendo un tono grisáceo. El frío era un cáncer.

Aun el transporte público era embargado por un hedor a personas cansadas, a trabajos odiados y a hormonas adolescentes, las ventanas cerradas que evitaban que el aire circulara era una tortura a sus fosas nasales y el roce con las demás personas era demasiado incómodo.

Al bajar del autobús el frío chocó contra su rostro que enseguida enfrió sus orejas desnudas y la nariz se le enrojeció.

Carla lo espera con sus enormes ojos cafés en la entrada y sin decir nada tomó la maleta donde cargaba la ropa para los días que estaría junto al doctor. Hasta el momento no se había formado ninguna impresión sobre su trabajo o jefe. No le quedaba otra cosa que realmente darse a conocer y de cierta forma era algo positivo que se le hubiera pedido que se quedara algunos días con él.

—Esta noche se quedará en casa del doctor. Enviaré su equipaje. Por el momento diríjase al laboratorio.

 

Julio asintió y sin decir palabra hizo lo que se le ordenaba. El profesor estaba enfrascado en una conversación telefónica. Observó como este se desenvolvía fácilmente en el idioma en que lo hacía… tal vez alemán, tal vez ruso. Y aprovechó para ponerse el guardapolvo, desinfectar sus manos y ponerse los guantes de látex.

Se acercó a la jaula de los roedores. De alguna manera le fascinaba ver como los animales también tenían rasgos de personalidad que generalmente pasaba desapercibidos. Una de las ratas corría frenéticamente de un lado a otro, otra se llenaba los cachetes con semillas de girasol y aunque parecía que no entraría una más, ella simplemente hacía el espacio necesario y continuaba en su labor. Otra dormía y otra observaba desde un punto alto a las demás. El brillo rojo de sus ojos parecía estar analizando la situación y cuando la que corría frenéticamente se le acercó por casualidad, Julio tuvo la sensación de que el ratón adquiría una mirada desaprobatoria y que el chillido ronco que emitió no era algo común.

 

—¿Cómo se siente usted? — La voz del doctor le hizo sobresaltar.

—Doctor. Buenos días, muy bien, gracias ¿En qué le puedo ayudar hoy?

—¿No me escuchó usted ayer? En nada. Quédese por ahí, donde lo pueda ver. Luce cansado.

Julio sonrió. Sólo podía obedecer.

 

 

 

Al finalizar el día, Julio se sentía más cansado, pese a que no había hecho nada. No solo los músculos de las piernas le dolían, si no que podía sentir que su temperatura había aumentado. Posiblemente se resfriaría, pensó que era un mal momento para hacerlo, pues no quería ser un estorbo para el profesor.

El reloj marcaba las ocho de la noche, reprimió un bostezo y se acomodó en el sillón. No pudo evitarlo, se durmió en un parpadeo descuidado.

TUYA. SOMOS. ERES. MÍO.

Lluvia de emociones,

mortales juegos de placer,

navidades caducas,

parásitos que me consumen.

Opciones,

opciones…

Me supera el instinto,

me arrastra la mierda

de pirañas que no saborean.

TUYA.

Velo de madreselva,

seda que me ata.

Me deshago difusa,

contaminada y herida.

SOMOS.

Amapolas marchitas,

música que empalaga,

mi cuerpo violento

ve a través de ti

 ERES.

Diosas del rock and roll

Entiendo el timbre compuesto de la preocupación absurda,

y tus ganas de herir.

señalas desde el pedestal,

prejuicioso y severo.

MÍO.

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Una historia para Halloween (II)

Una historia para Halloween (I)

En la universidad todos hablaban del Doctor Sanguijuela como un ser maligno y egoísta que disfruta de reprobar ensayos y tesis, pavonearse de su superioridad intelectual y estar presente en su aula sólo para realizar los exámenes. Eran pocos los que sobrevivían a sus clases y pese a todo era muy popular entre alumnos y profesores ya que cursar su materia era un privilegio, y más aún aprobarla, sus aportes a la institución, como dije antes, eran valiosos y el estado donaba constantemente recursos para el avance y desarrollo de la misma.

No se le conocía familia alguna y todo lo referente a su vida personal era completo misterio, la única persona que lograba sentirse sinceramente cómoda cerca de él, era su secretaria que parecía no tener mucho que decir sobre si misma o sobre el profesor. Ella también formaba parte del misterio.

Le habían apodado Doctor Sanguijuela porque con frecuencia su inmaculado guardapolvo blanco tenía motitas de sangre de los animales con los que realizaba sus experimentos. Los demás docentes siempre estaban puestos a servirles e incluso no veían inconveniente en realizar mandados para semejante genio. Aun cuando a veces había pequeños brotes de envidia que el ignoraba olímpicamente pues consideraba aquel sentimiento como algo banal y puramente humano. Él estaba por encima de aquella estupidez. Sobre todo, ahora que estaba a punto de lograrlo, que tenía en sus manos los resultados perfectos de su arduo trabajo. Incluso relegó su labor como docente a un sustituto provisional y se enfrascó durante meses en la fase de prueba.

Los primeros sujetos, ratones blancos, perecieron rápida y dolorosamente los primeros días. Llegó a desanimarse un poco, pero continúo cuando por accidente su pequeño minino bebió del té con leche que solía darle de alimento a los roedores. No supo inmediatamente si era la leche o la condición molecular del gato en cuestión, así que después de analizar su sangre y heces por varias semanas, realizó una necropsia que arrojaría los resultados más inesperados: Aquel día, su secretaria, había cambiado el té de frutos rojos por té común.

Mandó a comprar hojas secas de árbol de té en una tienda naturista y hojas frescas en un invernadero. Para medio día de aquel último soleado de noviembre, tenía potenciado y aislado cada uno de los compuestos químicos del bendito producto.

Fue una navidad adelantada… si celebrara la navidad.

Para enero el suero creado era demasiado perfecto, lo había logrado.

Lo único que restaba, era conseguir el sujeto de prueba perfecto.

La lluvia

El mundo empieza a derretirse frente a mis ojos, las gotas en las que se ha convertido se escurren por entre los dedos del universo,
la lluvia empieza adherirse a mí, la humedad deja que mi piel adquiera un tono verdoso y mi mirada tome una luz de lejanía acuosa. Incluso los suspiros vienen cargados de nubes que chocan entre sí, formando en lo profundo pequeñas tormentas, y grandes descargas eléctricas.

La lluvia arrulla mis sueños,

me sumerge en el sopor de las nostalgias.

me acaricia, me besa, me lleva.

la lluvia es furia contenida que me limpia y me ensucia,

que empaña los cristales de mi alma con su vaho de pesares.

La lluvia viene de improviso, enfriando nuestros corazones para que aprendamos a reconfortarlo,

La lluvia es niñez, charcos, niños, juegos, y la esperanza de un sol prometido.

El rastro de tu sangre en la nieve-G.G.M

” Imagínate-dijo:-un rastro de sangre en la nieve desde Madrid hasta París. ¿No te parece bello para una canción?”

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El rastro de tu sangre en la nieve es una historia que leí a los 10 años y que me fue regalada por mi cumpleaños junto a toda la colección del autor hasta ese momento. De verdad no puedo escoger un relato, una historia o alguno de los escritos de García Marquez como favorita. Pero esta me encanta, por su tragedia y la belleza con que retrata el tiempo de los protagonistas juntos. y por que si.

Este y los próximos tres, van de cuenta de la nominación de https://artetodasoy.wordpress.com/

Saludos!

Una historia para Halloween (I)

La mañana estaba helada cuando Julio Estrada salió de casa aquel primer viernes del mes de enero. Era su primer día de trabajo y estaba ciertamente emocionado a tal punto que parecía un chiquillo antes de ir a un paseo prometido varios veranos atrás, no había podido conciliar el sueño adecuadamente.

Abrió el paraguas negro antes de salir de casa porque, aunque no estuviera lloviendo, el cielo dejaba caer un sutil rocío que perforaba la neblina espesa que comenzaba a formarse en el ambiente.

Una vez en el autobús se puso las gafas recetadas y repaso la lista de tareas que su nuevo jefe le había encomendado el mismo día de la contratación. Era un hombre corpulento con voz de trueno y patillas largas al que no le gustaba perder el tiempo. Por eso Julio encajaba muy bien en el perfil laboral de aquel profesor de la universidad y afamado científico al que sus más recientes descubrimientos le habían dado fama de indispensable para la sociedad.

Al bajarse de la movilidad se percató de que llevaba media hora de adelanto, pero aun así siguió caminando a grandes zancadas y prefirió utilizar las escaleras en lugar del ascensor del renovado edificio.

—Buenos días, Carla—Saludó con un leve gesto amable a la recepcionista quien le dio el pase que usaría desde ese día en adelante para ingresar al laboratorio del profesor.

—Vaya, llega usted justo a tiempo—Observó el científico con impaciencia—Sígame, he de mostrarle algo.

Julio se apresuró a dejar sus pertenencias sobre uno de los muebles donde solía descansar su jefe y lo siguió inmediatamente.

—Estuvo hablando el día de la entrevista con mi secretaria sobre lo necesario que es para mí su absoluta discreción en cuanto a mi trabajo. Hay en el medio muchas personas que están dispuestos a robar información sobre ella. No quiero ningún tipo de incidente al respecto, pero le advierto que ha de ser vigilado constantemente. No por mí, sino por mis enemigos. Es por ello necesario que no lleve trabajo a casa, que no hable con nadie de lo referente a mi o mi laboratorio y en especial, que evite los sitios de reunión social.

—Sí, señor.

—Perfecto. Su trabajo acá es muy simple, entiendo que estudió farmacología y que, además, pese a su corta edad tiene un master en química.

—Sí, señor.

—Muy bien. No necesito que haga usted nada. No se sorprenda Sr. Estrada, la verdad es que todo lo que usted sabe yo también lo sé. O sea que su apoyo es meramente representativo. Tómelo como un trabajo afortunado. Si bien me acompañará todo el tiempo y estará al pendiente de mi trabajo como requisito de la universidad, no será usted otra cosa que un ente.

El laboratorio tenía la misma frialdad de su dueño, era de gran tamaño y olía a una mezcla entre amoniaco y formol.

La baldosa estaba reluciente en algunos rincones, pero manchada, quemada y derretida en la mayor parte, la iluminación era casi cegadora, ya que el doctor parecía dedicar su tiempo libre a la lectura, pues había varios ejemplares desperdigados en todas partes.

—Por favor utilice la bata que está en aquel rincón. No olvide utilizar guantes antes de tocar cualquier cosa y tenga mucho cuidado con los líquidos de aquel estante. Las cosas como están en este momento tienen un perfecto orden establecido por mí. No intente de ninguna manera mover u organizar nada, a menos que yo se lo pida. Por ello mismo, va a estar todo el tiempo detrás de mí. De ese modo podré vigilarlo correctamente. ¿Está claro?

Aunque el rostro de Julio permanecía impenetrable, en ese momento se estaba preguntando en que consistiría su trabajo, aparte de seguir al profesor. Decidió no preguntar, ya que su nuevo y extraño jefe ya le había dado la espalda y le aplicaba de manera intravenosa un líquido transparente a un ratón blanco que no dejaba de retorcerse inquieto entre sus dedos.

Julio se apresuró a ponerse la bata blanca, y guardó un par de guantes en sus bolsillos en caso de necesitarlos.

Durante horas y horas permaneció detrás del doctor que de vez en cuando salía corriendo a consultar uno de sus libros o se quedaba perdido frente al microscopio observando con paciencia la evolución de varias muestras que sacaba cada quince minutos del roedor, al tiempo que escribía casi frenético en su portátil. Estaba claramente emocionado por lo que veía.

El reloj marcaba las seis y treinta de la tarde cuando la secretaria, Carla, entre llevando consigo una bandeja con panes y té que sirvió para ambos y se retiró acto seguido.

—Por favor, coma—Indicó el científico haciendo un gesto con la mano—Hoy puede irse temprano si lo desea. A partir de mañana puede llegar a la misma hora de hoy, pero le pediré que avise a sus familiares que se quedará a dormir en su trabajo. No explique nada, pues es de cuestión confidencial el asunto que le desvelaré mañana. Finalmente he superado los obstáculos y su presencia me es formidablemente oportuna.

(continúa el viernes)

Ensayo sobre la lucidez-José Saramago

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«Pregúntele a los organizadores, Dónde están, quiénes son, Supongo que todos y nadie, Tiene que haber una cabeza, esto no son movimientos que se organicen por sí mismos, la generación espontánea no existe y mucho menos en acciones en masa de esta envergadura, No había sucedido hasta hoy, Quiere decir que no cree que el movimiento de voto en blanco haya sido espontáneo, Es abusivo pretender inferir una cosa de la otra, Me da la impresión de que sabe mucho más de estos asuntos de lo que quiere aparentar, Siempre llega la hora en que descubrimos que sabíamos mucho más de lo que pensábamos, y ahora, déjeme, vuelva a su tarea, busque a otra persona a quien hacer preguntas, mire que el mar de cabezas ya ha comenzado a moverse, A mí lo que me asombra es que no se oiga un grito, un viva, un muera, una consigna que diga lo que la gente pretende, sólo este silencio amenazador que causa escalofríos en la columna, Reforme su lenguaje de película de terror, tal vez, a fin de cuentas, la gente simplemente se haya cansado de las palabras, Si la gente se cansa de las palabras me quedo sin trabajo, No dirá en todo el día cosa más acertada, Adiós, señor alcalde, De una vez por todas, no soy alcalde.»

A este autor, cuando lo leo, le dedico su tiempo. Que mi mente esté realmente concentrada, que el espacio donde lo lea esté sereno, y que realmente no tenga ni un poquito de cansancio. Particularmente porque al principio su forma de escritura me cuesta un poco pero a medida que avanzo (después de varios intentos) logro engancharme mucho. Realmente me fascinan sus obras, y esta en particular, ensayo-sobre-la-lucidez , es una de mis favoritas.

La hoja de Niggle-J.R.R Tolkien

« …Encontraron el Manantial en el corazón del Bosque; sólo una vez, hacía muchísimo tiempo, había pensado Niggle en él; pero no llegó nunca a dibujarlo. Ahora comprendió que era el origen del lago que brillaba a lo lejos y la razón de cuanto crecía en los contornos. Aquellas pocas gotas convertían el agua en un astringente, que, aunque bastante amargo, era reconfortante y despejaba la cabeza. Después de beber descansaban a solas; luego se levantaban y las cosas marchaban de maravilla. En tales ocasiones Niggle soñaba con nuevas y espléndidas flores y plantas, y Parish sabía siempre cómo colocarlas y dónde habían de quedar mejor. Bastante antes de que se les terminase el tónico, habían dejado de necesitarlo. También desapareció la correa de Parish.

A medida que el trabajo progresaba se permitían más y más tiempo para pasear por los alrededores, contemplando los árboles y las flores, las luces, las sombras y la condición de los campos. En ocasiones cantaban a una. Pero Niggle se dio cuenta de que comenzaba a volver los ojos, cada vez con mayor frecuencia, hacia las Montañas.

Pronto tuvieron casi todo terminado: la casa de la hondonada, el césped del bosque, el lago y todo el paisaje, cada uno en su propio estilo. El Gran Árbol estaba en plena floración.

“Terminaremos al atardecer”, dijo Parish un día. “Luego nos iremos a dar un paseo que esta vez será realmente largo”.

Partieron al día siguiente y cruzaron la distancia hasta llegar al confín. Este no era visible, por supuesto: no había ninguna línea, valla o muro; pero supieron que habían llegado al extremo de aquella región. Vieron a un hombre con pinta de pastor. Se dirigía a ellos por los declives tapizados de hierba que llevaban hacia las Montañas.

“¿Necesitan un guía?”, pregunto. “¿Van a seguir adelante?”.

Durante unos momentos se extendió una sombra entre Parish y Niggle, porque este sabia ahora que si quería continuar y (en cierto sentido) tenia que hacerlo. Pero Parish no quería seguir ni estaba aun preparado.

“Tengo que esperar a mi mujer”, le dijo a Niggle. “Se sentía sola. Creí oírles que la enviarían después de mi en cualquier momento, cuando estuviese lista y yo lo tuviera todo preparado. La casa ya esta terminada, e hicimos lo que estaba en nuestras manos. Pero me gustaría enseñársela. Espero que ella pueda mejorarla, hacerla mas hogareña. Y confío que también le gustase el sitio.” Se volvió hacia el pastor. “¿Es usted guía?”, pregunto. “¿Puede decirme como se llama este lugar?”.

“¿No lo sabe?”, dijo el hombre. “Es la Comarca de Niggle. Es el paisaje que Niggle pinto, o una buena parte de el. El resto se llama ahora el Jardín de Parish.”

“¡El paisaje de Niggle!”, dijo Parish asombrado. “¿Imaginaste tu todo esto?. Nunca pense que fueras tan listo. ¿Por que no me dijiste nada?”. “Intento hacerlo hace tiempo”, dijo el hombre, “pero usted no prestaba atención. »

Hoja de Niggle es un cuento corto del señor Tolkien (A quién más conocemos por El señor de los anillos) y es mi cuento favorito del autor porque habla del arte como un estado interior y trascendental en la vida y muerte del ser humano. A diferencia del resto de sus obras no hay elfos, ni hobbits y se trata de un texto más personal y simbólico.