XXVI

Pues, aunque digamos que podemos hacerlo, realmente no sabemos de ese tipo de cosas. ¿Magia? En los libros y en la historia, pero realmente no era algo en lo que personalmente creyera. Aunque Mar, por sus orígenes caribeños dice tener algunas nociones básicas al respecto. Por la noche la escucho musitar algo, pero enseguida caigo rendida por el sueño. Estoy agotada.

Me despierto y todo se siente extraño, algo quema dentro de mí. Escucho ruidos y una luz que quema mis pupilas, me hace gemir.

¿Dónde estoy? Escucho una voz conocida y repito lo que dice, sin comprender realmente de que se trata todo. Tengo ganas de trasbocar, pero no puedo. Entonces mi cuerpo da fuertes sacudidas, como tratando de expulsar de dentro suyo algún tipo de ocupante. Caigo.

No sé dónde estoy y en algún momento me sorprendo diciéndome a misma «Soy Jael, soy Jael». Hay un zumbido dentro de mis oídos que aturde mi cerebro y aunque tengo ganas de gritar, pero no hay aire en mis pulmones.

Y escucho una voz, ahora muy lejana, que dice mi nombre y se quiebra en llanto. Trato de alcanzarla y me doy cuenta que está ahí, al lado mío «¿Dime qué pasa?» Pregunto haciendo un esfuerzo, y la persona que me sostiene vuelve a sollozar. No entiendo nada.

—Déjala Gabriel, sobrevivirá, no está contagiada—Una presencia fría aparta de mí, los calurosos brazos que me dejan aún más confundida al soltarme—Es fuerte, por lo visto, otros ya hubieran muerto.

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