XXII

Ella no me ha preguntado qué fue lo que me ocurrió, ni me cuenta cómo fue que encontró a Mar. Cuando intento hacerlo, en el único momento en que logro quedarme a solas con ella, antes de que la cubana suba, le pregunto al respecto; pero ella solo enfrenta su mirada con la mía y ladea la cabeza fingiendo no entenderme. Luego se aparta de mí.
Después de hablar lo suficiente sobre nuestro plan, Mar suelta una carcajada y dice: —Por un momento creí que haríamos un ritual de sacrificio con tu feto. Por lo menos tendría sentido su existencia.
No sé qué responder ante eso y Jael que no se ríe pone los ojos en blanco y se va.
Finalmente me quedo solo, Rebeca sube y noto en sus ojos que ha llorado. Trato de consolarla, pero no es como si ella quiera ser consolada. Así que dejo que se desahogue en mi hombro.
—Las horas más oscuras son antes del amanecer—le susurro al oído, sin dejar de abrazarla.
Cuando finalmente bajamos Jael y Mar están cuchicheando entre sí y no interrumpen la conversación al vernos. Pasan de nosotros de manera estoica. ¿Serán pareja?
—¿Qué estás viendo? —Gruñe Mar al cabo de unos minutos largos.
—Me preguntaban si son pareja—Respondo secamente sirviéndome un poco de agua.
Ambas se ríen y continúan en su conversación que se me antoja cizañera. Es como estar en la secundaria de nuevo.

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