XXI

—Cariño ¿Estás bien? —Rebeca parece preocupada y se soba su vientre de siete meses esbozando una sonrisa torcida que me contagia.

—Estoy bien, me estaba cerciorando que no nos siguieran.

—Luces intranquilo, tan distinto a ayer. ¿Crees que sean útiles?

—Han sobrevivido dos años, supongo que lo serán. ¿Por qué estás preocupada tú?

Ella sonríe y me da un beso en la frente, es gracioso, me ha parecido ver la mirada reprobatoria de Jael y Mar cuando vieron el estado de Rebeca. No creen que sea muy útil o no comparten la idea de que traiga otro humano al mundo. Ha sido un accidente, pero no por eso es inútil, gracias a ella, hemos restablecido las señales de internet. Era estudiante de informática cuando todo ocurrió.

Bajamos un piso, donde los demás están planeando armar una molotov, Rebeca se ríe y pregunta donde aprendieron a hacerlas y Mar contesta malhumorada:

—La cuestión es que sé hacerlas y tengo los ingredientes.

Veo como Jael sonríe burlona y se pasa la lengua por los labios, Rebeca parece no darse cuenta de la mala saña y yo también ignoro la predisposición, ellas parecen no hablar mucho entre sí, pero se entienden con miradas y señas. Les pido ir a la terraza para planear y ellas piden a los demás que no toque nada, los materiales son volubles.

—¿llevo un poco de helado? ¿Café?

 —Agua, gracias—Responde cortante Mar

Me alzo de hombros cuando veo los ojos ofendidos de Rebeca mirándome perdida, ellas suben delante de mí y ahora soy yo quien sonríe mirando las nalgas redondeadas de la cubana y el cabello en rastas de Jael que aumenta su andar felino. Sigue siendo la misma chica menuda, con la sonrisa forzada y los pasos largos. Su piel morena está un poco más clara por el encierro y su voz más firme.

—vaya que vista—No sé si lo dice asombrada o solemne, su mirada es ambigua.

—Lindo juguete—Mar se agacha a la mirilla del arma y aparta la mirada decepcionada—No hay ni palomas ¿Se las comieron ustedes?

—Las explotaron, solían vivir en el techo de la catedral.

—Oh.

— ¿Es tuyo el bebé? —Jael escupe las palabras

—Si—Aparto la mirada— Salen en la noche—Me dirijo a Mar cambiando de tema— puedes divertirte más tarde si quieres.

—¿Te parece sensato? Digo, démosle más carne de cañón al titiritero…Me refiero al bebé…—La cubana sonríe burlona retomando la conversación de Jael.

—¿Quién?

—Traje maní y pasas por si les apetece.

—¿Te gusta jugar al ama de casa Rebeca? Deja esos maníes, estas desperdiciando, ya hemos comido suficiente…

—Mar, déjala en paz, trata de ser amable…

—¿Te parece que es momento de ser amables? Coño Gabriel, estamos en guerra y ustedes juegan a la familia feliz, son más de treinta y no han hecho nada más que cohabitar con ellos…

—No queremos perder más vidas—De pronto estoy gritando y Rebeca incomoda se ha marchado con lágrimas en los ojos—No tienen que tratarla así solo porque no comparten su estado. También hemos sufrido por ello. Pero lo hecho, hecho está y punto. No las he traído para cuestionarme.

—Nosotras también hemos perdido amigos—Jael se sienta con tranquilidad bajo un parasol—mierda Gabriel, preferimos morir que aceptar la dominación del titiritero.

—¿Pues que planean entonces?  Pregunto sentándome a su lado, cansado, bajo la mirada enfurruñada de Mar.

—Fueron ustedes los que hablaron de un plan—me recordó Mar bufándome con los ojos entornados y sentándose frente a Jael. Mi Jael que ya no es mía.

Asiento.

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