XVIII

—¡Es una trampa! —Exclamo sintiendo un nudo en la garganta, ¿Está vivo? He estado buscándolo en cada rostro de ojos vacíos, no me puedo creer que sea cierto ¿Cómo pudo sobrevivir?

—¿Crees que sea él? Hay muchos Gabriel por ahí, ahora dame, voy a contestar, si es una trampa peor para él, jugaremos igual.

La mente de Mar es simple, y tiene siempre soluciones sencillas: si nos citan se va a presentar ella sola con una bomba casera en la cintura, si es una trampa se lleva a todos con ella, en ese caso, esperamos que el titiritero este presente…

28 de agosto

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          Estamos esperando que contesten, solo queda una rayita de batería así que miramos nerviosamente el aparato, espero que lo hagan antes de que tengamos que ponerlo a cargar.

Estoy siendo estúpida, me sueno los dedos, porque estoy nerviosa y me como las uñas que he dejado crecer últimamente, ¿Por qué nadie responde? Me duele el estómago, lo que más odio es ir al baño y tener que echarme agua cada vez que orino. Extraño el papel higiénico, pero sobre todo extraño las toallas higiénicas, no es que no hallan, pero hemos decidido que es mejor ir por cosas extremadamente necesarias… me acuesto en una hamaca que cuelga de la pared, la encontré poco antes de llegar al plan 3000, un hervidero de descontrolados zombis; lanzamos varias pipetas de gas, pasando en camionetas, pero abandonamos la ciudadela en cuanto nos fueron reduciendo.

Gato pasa entre mis piernas con la cola formando un signo de interrogación y salta cuando siente la vibración del aparato, saliendo en estampida y se golpea contra uno de los cristales. En otra ocasión me hubiera reído sin parar, pero levanto el teléfono y leo:

¿Eres tú quien ha estado tirando edificios? Nosotros somos treinta y cuatro, ¿ustedes?

—Solo yo—Contesto y llamo a Mar que dormita en un sillón ancho de tela.

—¿Treinta y cuatro, y no han estado haciendo nada? — Ella frunce el ceño y yo asiento también molesta, creo que no valen la pena estos treinta y cuatro.

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