XIV

26 de agosto

—¡Corre! —  Escucho la voz profunda de Mar gritarme y yo la maldigo rebanándole la cabeza a una mujer de cabello arrancado a mechones teñido de rubio platinado. Si pudiera correr lo haría, tengo sentido de supervivencia, pero hay cuatro malditos zombis encima mío, tratando de arrancarme la cabeza con sus olorosas manos.

Golpeo a uno entre las piernas, pero no se inmuta, me jala el brazo derecho y siento como me lo despega del hombro. Lanzo un alarido y clavo el machete en su ojo y le corto la cara en dos. Me agacho porque el dolor me ha desconcentrado y el rebote del machete en el suelo saca chispas que hace que retrocedan un poco, lanzo una estocada a la hembra que se me acerca furiosa y una marea roja de tripas salen desparramadas por todos lados. Me levanto y sonrió a la pareja de niños que miden el arma con los ojos desorbitados.

—Acérquense— Siseo, furiosa, sin bajar la guardia y me lanzo en pos de ellos con un grito que sale de mis entrañas. Uno de ellos corre en dirección contraria y el otro espera, impasible hasta que estoy demasiado cerca y salta hacia mí como si tuviera resortes en los pies, pero ya es demasiado tarde pues he calculado su movimiento y el machete le corta un brazo, lo esquivo y cae justo donde yo estaba poco antes. Recojo el arma y corto el resto de sus miembros, estoy sedienta de sangre, busco con la mirada al otro niño, pero ya se ha marchado, jadeo abrazándome el brazo herido y salgo.

Estamos en uno de los nidos, del departamento de justicia… o lo que queda del edificio; durante semanas hemos puesto bombas caseras en sus guaridas, explotado pipetas de gas a las iglesias católicas donde parecen celebrar ritos de la nueva «religión americana». Todo es una porquería, pero tratamos de lograr algo.

Salgo corriendo del edificio y me subo a la motocicleta que Mar ha dejado en caso de que saliera viva, hemos acordado en que nadie regresa por nadie. Es mejor perder una vida que dos. Enciendo la moto justo en el momento en que la explosión inicia y arranco con toda la potencia posible, no me gustan mucho estos aparatos, pero puedo hacerles frente, siempre me estoy diciendo que después de una gran batalla con los asquerosos, lo más patético sería morir en un accidente de tránsito, sin tránsito.

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