XII

24  de marzo 

Los días son lentos, caminamos en círculos para no perder la costumbre de hacer circular nuestra sangre, practicamos nuestros tiros, comemos (puedo sentir la mirada afilada de los demás cuando me ven jugar con las migajas que recibo), practicamos, estamos alertas y dormimos. Que puedo decir…somos la resistencia dormilona. Algún día venceremos.

Me pregunto si Gabriel seguirá con vida…lo dudo, bueno a veces me acuerdo de él. Creo que corrió para protegerme, que tonto…se lo agradeceré siempre.

¡Ha llegado Mar! Espero que traiga los chocolates que le encargue, terminaré comiéndome a …tiene un gato, que no para de maullar.

—Dime Mar, ¿nos lo comeremos o sólo es una boca más?

Solo se ríe y lo deja en el suelo para bajar mis mochilas que ahora le sirven divinamente para traer nuestros víveres.

—Por lo menos ¿Estás segura de que no se ha infectado?

Diego está jugando con el gato que no para de gruñir y yo le advierto sobre la rabia…

—Para Jael, es solo un gatito asustado, mira la mirada de huérfano que tiene. —Diego sonríe conciliadoramente— Como todos nosotros. No creo que sea un desfalco para nuestros estómagos tenerlo, cuando crezca podrá alimentarse solo. Además, ya que no te apetece tu comida, le puedes dar tu ración.

Me voy a releer las notas de mi hermana, me dan asco los gatos y en general todos los animales que se laman el culo, coman ratas y hagan ese exasperante ruidito con la garganta.

Mar se me acerca.

—¿Puedes leer en voz alta?

Supongo que es mejor no discutir cuando somos tan pocos.

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