XI

14 de febrero

Mar es cubana y es muy guapa. Tiene cuerpo de súper modelo y cabello crespo de propaganda de champú, además de unos preciosos ojos negros y penetrantes.

Ella representa lo que mal llama “la resistencia” pero yo opino humildemente que somos los hijos de la casualidad. A Mar no le apetece oír mi pesimismo, es cortante y malhumorada, siempre nos está dirigiendo y nos obliga a practicar todos los días nuestra puntería con perdigones. Eso me gusta, aunque me asusta salir a hacerles frente. También tenemos un arsenal que nos enseña a lubricar, montar y desmontar celosamente y nos grita coñazos si nos demoramos más que su paciencia. Es un poco tirana, aunque yo la siento tan asustada como yo.

—Un Hougan—Me explicó a los pocos días de mi llegada— Es una especie de sacerdote Vudú. Éste en particular es muy poderoso, dicen que los Loas le tienen una especie de favoritismo, porque es la reencarnación de un Asogwe Hougan muy especial.

—¿Asogwe?

—Es una forma de decirle a los Hougan de mayor jerarquía.

—Pero… en realidad no entiendo nada, es decir… ok, es una gran …brujo, pero ¿es necesario que haga todo esto?

—Todo lo que sé es lo que él mismo nos ha contado por medio de su emisora. Si, si tiene una emisora—Gruñe impaciente cuando hago un amago de preguntar algo—Recibió un mensaje. Que nos revelará cuando el considere adecuado o cuando termine de inventar su estúpida historia.

Con el tiempo me voy adaptando a la situación, conozco a mis compañeros, aprendo a sobrevivir y me torturo cada día recordando a Gabriel.

El espectro de Leandra se comunica conmigo atreves de sus historias, he aceptado su silenciosa presencia y dejado de extrañarla.

Hay un chico del Beni con el que suelo discutir frecuentemente por la sarta de estupideces que dice, aunque supongo que también son sus nervios. No lo aseguro.

Es alto, tiene unos labios muy gruesos y unos ojos pequeños, calculo que tiene veintitantos, pero Diego que tiene once, es más centrado, supongo que tendré que lidiar con personalidades que de otra forma no conocería.

Diego es el más pequeño y no habla mucho, parece que le tuviera miedo a todo, aunque le gustan las historias de Leandra, que le leo de vez en cuando, a escondidas de los demás. No quiero que Mar me decomise el diario, es muy estricta y creo que las encontraría perturbadoras. Estoy empezando a creer que no debería leerlas.

A quien si puedo leérselas es a Patricia, que era estudiante de farmacología en la universidad estatal, ella dice que prefiere esa realidad a pensar que somos los últimos vestigios de nuestra raza. Creo que tiene razón.

Es raro ver como nos dirige  Mar, que es menor que Patricia y calculo que debe tener mi edad, pero realmente sabe liderar un equipo tan enclenque. Eventualmente sale a conseguir alimentos no contaminados para nosotros y ya tenemos una gran colección de medicamentos en caso de caer enfermos o heridos. Me parece que se prepara para una guerra más grande de la que nosotros podemos dar a las porquerías no humanas esas, pero entre la larga lista de defectos, es muy  reservada y solo confía en ella misma. Tiene la teoría de que hay humanos trabajando para alguien que ella llama Hougan, aunque con cierto desprecio que parece que envenenara las palabras

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