La loba

Los ojos amarillos del halcón miraron fijamente al ratón agazapado que intentaba  escabullirse entre los arbustos, en la lejanía la luna se dejó acariciar por los aullidos de los lobos que realizaban su expedición nocturna a los corrales desprotegidos y que olfateaban el aire con intranquilidad. Caminando despacio, con los dedos de los pies lastimados y la planta  cubierta con hierbas, una  pequeña niña de cabellos danzantes y ropas raídas trataba de llegar a la cima de una pequeña colina que colindaba en el bosque, cuando vio una figura erguida  que la observaba sin curiosidad.  La niña escalo sin notar el ascenso pedregoso ni las espinas de las dormideras, segura de encontrar a su salvador, bostezó  famélica y le rugió el estómago cuando al llegar tan solo encontró un cordero agonizante. Se abalanzó sobre él y desgarró  con sus dientes de leche la carne allí ofrecida, no tomo en cuenta el sabor y se contentó cuando el vacío en la tripa desapareció. Insolada y Adormecida por el esfuerzo, se dejó arrastrar por los brazos de Morfeo y durmió, con una ligera sonrisa en los labios.

Horas más tarde, se despertó, con el sudor recorriéndole el cuello y al abrir los ojos, la figura peluda de una loba aovillada ofreciéndole abrigo. La niña se hizo más pequeña y se perdió en la pelambra parda de su salvadora y ahora sin dormir trató de recordar cómo había llegado a la oscura cueva en la que se hallaba. Sabía que los acontecimientos que la habían arrastrado a salir de casa no debían pensarse, hablarse ni soñarlos,  por eso no soltó lágrimas y aunque trataba de recordarlos, había algo que le impedía y  surgía un muro de concreto que se alzaba  como la muralla china.

Lo peor era el hombrecillo gris que la miraba desde una roca, con gesto cansino, incluso la loba soltaba breves gruñidos en su dirección.

La loba vivía sola, no pertenecía a ninguna manada, pero de vez en cuando algunos machos alfas acechaban la cueva con gruñidos a veces amistosos y otras no tan inofensivas. La niña sospechaba que su protectora estaba en lo más alto de la jerarquía, había optado por no llamarla de ningún modo porque no era su mascota, sin embargo pasado un tiempo la misma loba le reveló su nombre cuando en una noche de luna llena, sus ojos adquirieron el color plateado del satélite terrestre y aullar .

Anuncios

3 thoughts on “La loba

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s