VII

“Muchos admitirán la verdad, otros preferirán cegarse y darse la espalda en ellos, otros se adaptaran como alimañas y quizá algunos combatirán a la nueva era del ser humano. Pero ante todo la realidad prevalecerá, la verdad, lo tangible, los hechos. Y nadie puede refutarlo. Humanos corrientes, únanse a mi causa, YO soy quien alza la voz para hacer el llamado que nos ayudara a dar el siguiente paso a la evolución. Olviden las vanas creencias y quemen los falsos libros de la religión que nos nubla la vista y enceguece nuestro juicio. YO, me libere y acepte la verdad única. Y ahora estoy ante ustedes diciendo: TENGO LA CURA QUE HARÁ PREVALECER A LA HUMANIDAD. Escuchen. Yo soy la Voz, el Instrumento de Bondye.”  Ángel está satisfecho con los grafittis multicolores que adornan las calles en las principales ciudades de Sudamérica. Ahora lo comprenderían.

La nueva raza se abre paso para prevalecer sobre los humanos débiles y mejorar la especie. “Somos lo herederos de la tierra”-piensa entrecerrando los ojos, con la boca llena de saliva como deseando un delicioso manjar. Estaba satisfecho con él mismo, pues sabía que sería recompensado cuando las masas entendieran sus esfuerzos. Sus Espíritus habían hablado y Ángel había escuchado.

Su madre que fue una gran mambo, le enseñó todo lo que tenía que aprender y fue mucho antes de su nacimiento cuando los Loas le vaticinaron a ella, que de su vientre nacería el Hougan más poderoso que forjaría las bases del camino al acercamiento de la perfección. Cerró los ojos complacido, estaba cansado, había bailado toda la noche comunicándose con los Dioses que estaban satisfechos con sus logros.

-Gracias Bondye. – musitó sin dejar de sonreír. Tenía que prepararse para la ceremonia y a pesar de su cansancio, se levantó del suelo donde descansaba y lavo su cuerpo con agua del Orinoco que frente a él bullía escandaloso.

Para llenar de ánimo su alma, Ángel cantaba entre dientes: Cogollo de toronjil/ cuando me aumenten las penas/ las flores de mi jardín/ han de ser mis enfermeras/…

Tomó el jabón de tierra, que le habían enseñado a hacer los indígenas, y lo esparció por todo su cuerpo, para después sacárselo con la corriente de agua que le devolvía la vitalidad a su torrente sanguíneo. Se sentía purificado. El agua era una bendición llevándose sus inmundicias terrenales junto a los malos espíritus que se adherían a su cuerpo cuando pasaba por lugares sagrados que habían sido profanado por blancos. Tomó un limón que friccionó en su piel, para limpiarse el cuerpo físico.

Más tarde encendió una fogata en la orilla, junto a dos enormes rocas planas y quemó en las llamas un ramo de violetas africanas con un pellizco de canela, para purificar el espacio donde yacería aquella noche. Puso a hervir una mezcla de jengibre, helecho, cardo, salvia, romero, gotas de limón y angélica; mientras esparcía el humo de las hierbas a su alrededor. recitó algunas oraciones mezcladas entre el catolicismo y alguna lengua africana que sonaba como música y era agradable para los pájaros que se acercaron a ver el acontecimiento, acoplándose a los cánticos con su trinar.

Dibujo el veve para el ritual de Papa Legba y al cabo de unos minutos, se elevó varios centímetros del suelo cuando los espíritus acariciaron su piel mientras bailaba en agradecimiento de su toque. Paso un trago largo de ron con pequeños ajís rojos en honor al Baron Samedi y escuchó los tambores de sus sirvientes que por fin salían de sus guaridas, convertidos en el futuro.

Tomó el gallo negro que tenía entre las rocas, cortó su cabeza y bebió su sangre mientras aun revoloteaba. En seguida Mamam Brigitte anunció su presencia con mariposas que se posaron sobre Ángel y acompañaron su danza con el batir de sus alas..

Entonces llegaron los zombis, montados por el nzambi, arrastrándose como serpientes por el suelo, apareciendo de todos lados del espeso follaje de la selva, tocando los tambores, y otros trayendo con ellos ofrendas de arroz, frijoles, café y ron.

El crepúsculo cayó sobre sus cabezas con un suave rubor de regocijo al presenciar la escena, y Ángel prometió con la voz de sus deidades:

-Yo liberaré nuestro pueblo de quienes nos oprimen. Usaré sus cuerpos como armas de batallas, pero daré la libertad a quienes combatan con furor por lo que nos pertenece. Como Mackandal por mis antepasados, ustedes por su descendencia. ¡América será liberada de la peste que le aqueja!. Pero aquel que se atreva a traicionarnos, verá el rostro de Kriminel- Prometió Ángel con la voz de sus deidades.

Continúa la historia…

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