III

– Mierda. – Digo al abrir los ojos, mierda repito cuando me doy cuenta que no reconozco donde estoy. Es una sala llena de cuadros con fotografías, estoy en un sillón de cuero marrón, en realidad es un juego de muebles de cuero alrededor de una mesita pequeña de cristal, con una botella plástica de alcohol, algodón, y un líquido rojo, casi anaranjado.

-Ya despertaste. Me asuste bastante. Aunque supongo que más te asustaste tú.

Detrás de mí, con un vaso de agua, un chico de mirada dura me habla lacónico, mientras se aproxima a mí y me tiende el vaso. No puedo reprimir la sonrisa burlona mientras pienso que no soy tan estúpida como para cooperar en mi propio secuestro y admiro sin disimulo el brillo de sus ojos en reacción a mi mala disposición.

-Tengo un garaje bastante grande donde podría esconderte para que no supieras donde estas… y algún par de jeringas por si quiero inyectar algo…- dice casualmente dejando el vaso sobre la mesita de cristal- pero no es mi intención, te desmayaste frente a mí y no supe a donde llevarte.

¿Me desmaye? Puede que sí, no he comido nada desde la mañana. De repente me siento boba tirada en el sillón de cuero y me levanto con brusquedad, la cabeza me da vueltas y cierro los ojos momentáneamente. Mis padres deben estar preocupados, salí de casa sin avisar.

Frunzo el ceño antes de volver a abrir los ojos y encontrarme con la mirada curiosa de mi “secuestrador”, pero ahora sonrió tímidamente.

-Un hospital no estaría mal, tienes suerte que sea pacifista, pude haberte matado- utilizo el mismo tono de él y alcanzo el vaso con agua que esta fría y refresca mi garganta. – Gracias…

-Gabriel. -Completa él, sin sonreír.

Me siento incomoda porque me siento débil para levantarme, pero es necesario que me vaya. Además, tengo mucha hambre. Saco mi móvil de uno de mis infalibles bolsillos ocultos en mi chaqueta.

-Gracias por ayudarme, no he comido nada después de un vaso de leche en la mañana, ¿podrías llamar un taxi por favor? Yo estoy sin crédito.

-Claro, puedo invitarte algo, estoy seguro que tengo pizza fría de anoche en el refrigerador- Por fin sonríe levantándose y saliendo de la habitación antes de que yo proteste. Bueno, supongo que no está mal…

– ¿Podrías calentar a pizza? – levanto la voz y también me sonrió pensando en lo extraño de la situación. No creo que mamá y papá digan algo si llego muy tarde, de todas maneras, hace tiempo que dejaron de preocuparse por mis escapadas nocturnas.

Reviso las llamadas perdidas del teléfono, diecisiete, todas de Tiberio. Realmente me entristece todo el rollo con él, cuatro años de noviazgo y he terminado por verlo más como un hermano. ¿Acaso ya no se da cuenta lo poco que me importa? Cuan diferentes éramos en aquella época, si hasta me parece que ha pasado muchísimo tiempo desde entonces. Tanto que ni me esfuerzo en recordarlo.

– ¿Te duele algo?

Sonrió genuinamente pensando en la cara de asco que debo tener al pensar en Tiberio, ay no, como puedo decir asco, tal vez exasperación.

-Estoy bien Gabriel.

Recibo el pedazo de pizza y separo las aceitunas y el vaso de soda lo dejo a un lado.

– ¿Vives solo?

-Un poco- vuelve a sonreír- tengo una un par de gatos.

Odio los malditos gatos.

– ¿Y tus padres?

-A ellos los tengo encerrados en la cochera- otra sonrisa

-Vaya que gracioso- aparto el queso con tomate de la masa y hago una bolita.

-Viven en España, con mi hermana- explica con seriedad, más interesado en mi juego con el queso.

Es normal, casi todos los padres de quienes conozco viven en el extranjero. Con mi familia es al revés, nosotros somos los inmigrantes.

-Yo también tengo una hermana- respondo sin pensar y meto la bolita de queso en mi boca-  tenia -mi voz se quiebra y el no hace preguntas. Me cae bien Gabriel.

– ¿Tienes que ir a casa pronto? Podemos ver una peli…no lo consideres una cita, casi nunca tengo visitas y rara vez salgo de casa, solo conduzco al supermercado y al banco-suena como una disculpa y yo acepto, estoy consciente de lo extraña que es la situación, pero es una excusa de desaparecer de mi vida.

Él se levanta con rapidez y desaparece por otra puerta. Vaya, la casa es grande, yo tampoco saldría si tuviera una casa así de grande. Nosotros vivimos en un apartamento en el piso número ocho de un edificio céntrico. Ay, de pronto me doy cuenta que no tengo idea de donde estoy, pero no le pregunto.

Continúa la historia…

 

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4 thoughts on “III

  1. La sonrisa es una muestra de aceptación. Por eso me parece importante dejar claro quien emite esa seña y quien la percibe, a partir de ese momento se posiciona cada personaje en la escena. Y un añadido los padres no dejamos nunca de estar preocupados. Un beso.

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  2. Pingback: II

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