A veces siento que no existo

-A veces siento que no existo- Flor se despierta al oírse hablar entre sueños, los ojos vacíos de Sofía le devuelven la mirada desde el sillón frente al televisor, sonríe sin ganas

-A veces siento que no es a ti a quien toco- La verdad es que Sofía está saturada con la personalidad de Flor, le agota la espontaneidad de ella, la falta de control sobre sus impulsos y sobre le molesta el desapego material. En un principio pensó que era una persona falsa, incapaz de mostrarse tal cual era realmente, pero con la sucesión de los días se dio cuenta de que era un rostro que no necesitaba maquillaje. Cómo un animal.

– ¿piensas en otra persona cuando me tocas? – Preguntó por preguntar mientras se levantaba de la cama y estiraba su cuerpo con agilidad, le dio un beso en la cabeza a Sofía a quien el cabello le olía delicioso por la crema de peinar que usaba y se dirigió a la pequeña cafetera conectada al lado del teléfono.

-No porque yo quiera, es porque nunca estás cuando hacemos el amor- En realidad quería ser hiriente, por un momento deseó ver una reacción humana en Flor

 – ¿Cómo sabes que no soy yo si no me conoces? – “¿Quién podría conocer a quién?” se preguntó a si misma dando un sorbo a su taza de café humeante,

-Te conozco. Lo único que no conozco de ti, son tus razones para ser quien eres- Fue entonces cuando Flor se dio cuenta de que Sofía se estaba despidiendo, ¿Qué hacía tan temprano sentada en el sillón? Y el café, nunca lo calentaba para ella.

– ¿qué es lo que recordaras siempre de mí?

 -Tu olor a tragedia…y ¿tu? ¿Qué recordaras de mí?”.

-Tu nombre- contestó flor sentándose a su lado.

Permanecieron en silencio un rato, viendo el cielo despertarse. Ninguna tenía nada que decir, nada de lo que pudieran decir era importante, así que se limitaron a despedirse en silencio hasta que Flor aburrida por la serenidad de sus energías se fue a dar una ducha.

El agua fría terminó de despertarla, dejó que refrescara su piel y se estremeció cuando le llegó el turno a la espalda. Era algo que le gustaba hacer, dejarse sorprender por la calidez de su dorso. Hizo espuma con la pequeña pastilla de jabón entre sus dedos y con movimientos rápidos limpió su cuerpo.

Cuando terminó de asear a conciencia cada rincón de sí misma, volvió a entrar en la habitación. Sofía había dejado una nota: “Nunca nadie sabrá quiénes somos porque solo existimos en el recuerdo ajeno.”  “Ha concluido el aprendizaje” se burló Flor sonriendo. “Solo yo comprendo la razón de mi muerte, solo yo entiendo por qué me aparto del mundo y la normalidad no terminará convirtiéndose en aberración para mí. Solo finjo que estoy viva. Que acepto el amor. La verdad es que me repugnan. Los humanos, me repugnan. Son tan…pasionales, vacíos y estúpidos. Yo también soy humana, es lo que más odio. Ser humana y tener que alimentarme. Por eso me alimento de otros. Me trae sin cuidado la puta vida, y sus formalidades. Soy solo un maniquí expuesto a la vitrina. Debo fingir una alegría que no hay dentro de mí y proyectarla en una sonrisa vacía que no expresan mis ojos. Solo así seré parte del circo. Solo así seré aceptable. Normal. Y no quiero eso para mí”

Flor volvió a sonreír, en realidad su amiga no había comprendido nada.

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