El recuerdo

Me siento frente a ella y encaro sus pálidos ojos sin expresión, esboza una media sonrisa que nunca muestra su imperfecta dentadura, inhala una bocanada aire y me dice con un dejo cansino en la voz:

Te mate mil veces

de una y otra manera, me las arreglé para deshacerme de ti, de tu estúpida presencia.

De una y mil formas clave mi odio en ti

golpeé con frenesí mi cuchillo en tu estómago

y cada vez que sentí la hoja fría del acero desgarrar tu piel, traspasar tus entrañas, manchar mi manos con tu sucia sangre…me sentí feliz, me sentí completa.

¿Qué quieres ahora recuerdo inútil? El único problema que veo ahora es volver a deshacerme de tu cadáver, de tu inmundo y puerco cadáver.

Eres mas grande y fuerte que yo, más alto y más pesado; pero…¿Sirve de algo serlo? Mi furia era más grande que tus patéticas ganas de luchar: Te vencí. ¿Crees ahora que no puedo? 

Su voz ronca habla atropelladamente contrastando con sus movimientos lentos, con la danza ausente del humo de su cigarrillo, con su intento de sonrisa. Lame sus labios y pierde el norte de su mirada.

Esta vez no te dejaré morir, no tan fácil, solo te dejaré agonizar en la desazón del mar de mis desamores. Ahora yo seré tu memoria insistente, tu fantasma al pendiente. Mírame, lo que me queda por vivir ya lo hemos vivido juntos. Mis rutinas están aferradas a mis entrañas, mis pensamientos ya no giran vertiginosamente en una dirección. Hagámonos compañía, ya que insistes.

 

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