Sofía aun no cumplía diecisiete años cuando conoció a Flor. Se conocieron por casualidad, aunque Flor siempre dijo que las casualidades son parte del destino.

Sofía había bajado del jeep de sus padres al baño de una gasolinera.
Regresaban de unas inolvidables vacaciones de verano que ninguno de sus padres disfruto y que ella misma se esforzaba por amargar más durante el trayecto de regreso.

El calor del asfalto rebotó en su piel cuando abrió la puerta del automóvil, sus pesadas botas estilo militar la llevaron al baño que olía a lejía y jabón líquido de manos. El espejo del lavamanos le devolvió un atisbo de cansancio acumulado en los ojos, se refrescó el rostro con el agua de la llave y volvió a levantar la mirada para encontrarse con el fantasma traslúcido de Flor que le sonreía con sorna detrás de ella.

-Hola

Sofía no pudo evitar el ataque de tos producido por alguna gota de saliva mal ubicada que se atascó en su garganta. Flor también se sorprendió al entrar al baño y encontrarse con la figura gris de Sofía que tomaba agua de la llave y gruñía casi que maniáticamente. Se preguntó por los pensamientos de la chica.

La observó mientras tosía, los ojos negros de Sofía estaban cubiertos por varias mechas de su cabello pulcramente ordenado.

Esperó pacientemente a que Sofía terminara de toser, luego la agarró de la mano y ambas salieron corriendo. Sofía no preguntó a donde, porque realmente no le importaba. Cualquier cosa era mejor. Flor tampoco supo a donde, solo se dejó llevar. Se subieron al primer camión que pasó y se marcharon.

Sofía tenía miedo de sí misma y Flor alcanzó a comprender a aquella chiquilla de mirada opaca que se cubría con ropa ancha para no llamar la atención con su bien proporcionado cuerpo.

– ¿Cómo te llamas? – preguntó Sofía mientras abría la puerta de la habitación de un hotel de carretera.

– Me llamo Flor – contestó ella haciéndole una seña para que entrara.

– ¿Quién eres? – volvió a preguntar Sofía encendiendo un cigarrillo de liar que llevaba en el bolsillo del pantalón.

– Una pregunta bastante ingenua la verdad – respondió Flor botándole el cigarrillo – lo siento, el humo del tabaco me irrita el hígado – se disculpó encendiendo uno de sus eternos cigarrillos verdes.

– ¿Cuál es tu canción favorita? – Insistió Sofía

Flor sonríe, “Los adolescentes son fáciles de impresionar. Cambia la mentalidad de un adolescente y cambiaras el mundo”

– Yo me llamo Sofía – dice ésta observando los objetos a su alrededor.

-Sofía – repitió Flor – El nombre de Dios

Flor besa a Sofía, y a Sofía le agrada el contacto cálido de sus labios.

-¿Quieres comer algo?

-Lo que tú quieras comer.

-Solo carne – Dice Flor – solo como carne

Durante dos semanas y media contagiaron al mundo de su amor enfermizo. Flor le enseño a hacer el amor con amor y Sofía dejó de fumar. El problema de Sofía era ver un problema en cada situación, el problema de Flor era que el mundo le importaba poco, o nada.

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