En la barra

“Hey, hombre de negro, regálame un poco de tequila”- pidió Bárbara. Él amplió su sonrisa, le preparó dos shots y ella se sentó en la barra encendiendo un cigarrillo bajo en nicotina. “¿Cómo te trata la vida Alex?” “Pensaba en mujeres” respondió Alex después de una breve pausa. “Lo complicadas que son ellas y al mismo tiempo lo encantadoras que llegan a ser.”
“¿A qué te refieres?” Bárbara miraba directamente a los ojos y Alex se sintió invadido.
“se llama Flor”, dijo el sonriendo con los ojos apagados. “tiene veinticinco años, es de Guatemala. Un fantasma. Es flaca y alta, muy delgada en realidad. Con un abrazo, desaparece en mi pecho y siempre anda tarareando canciones viejas. Le tiene miedo al mundo y por eso lo trata a patadas. Es una muñeca de porcelana, que refugia entre muñecas rusas para camuflarse. Salimos durante un mes. Ella después de hacer el amor, desaparecía en los humos de un porro. Un día simplemente no contesto mis mensajes y cuando trate de hablarle en la calle, frente a su casa, pareció no reconocerme. Tenía los ojos vidriosos y la mirada perdida” Alex habla sobre su tristeza y ella lo escucha en silencio tratando de parecer comprensiva. No le importa en realidad. Así es la vida. Unos nacen fuertes, otros débiles. Unos sobreviven, otros aprenden… otros simplemente no. finalmente, decide decir lo piensa, como siempre.
“¿Sabes Alex?, las mujeres somos en realidad el sexo fuerte, tenemos más tolerancia tanto a dolores físicos, como externos y sentimentales. Lo único en lo que somos débiles son los problemas psíquicos. Las mujeres morimos al romper aguas y damos un parte de nuestra alma a nuestros hijos al nacer. Pero el orden natural de las cosas, nos coloca, a todo el género femenino, un peldaño más abajo que el del masculino porque, nuestro género, es como los gatos: Maligno. Jugamos entre los límites del bien y el mal. Y no tenemos conciencia de esto. Para nosotras es natural, sin darnos cuenta que el otro género no lo percibe de igual modo”.
“¿y la culpa es de quién?” Preguntó Alex sonriendo. Las teorías conspiratorias de Bárbara resultaban un buen pasatiempo en las horas tediosas del bar.
“de absolutamente nadie, no existen los culpables. Juzgar no es necesario cuando se trata de ser realmente humanos. Como mujer acepto que necesito mi contraparte masculina, que me canaliza mis energías destructoras. Una mujer jamás debe tener poder. No distinguimos realmente el bien del mal, lo acomodamos a nuestra situación para salir airosas. Tenemos la conciencia más aguda, pero si llegamos a perderla…” luego sonrió y lo miró tímidamente “por eso Isaías esta siempre conmigo.”
Alex guardó silencio, viéndola pasar sin gesto el tequila, era el tipo de chica que aunque atractiva, nadie deseaba tocar, por miedo a sus demonios… que constituían el coro de ángeles que la guiaban.
“Buenas noches Alex-saludo Isaías sentándose al lado de ella. “Buenas noches Isaías, ¿qué tal? ”
“Bien-hizo un gesto de cansancio- estoy revisando el informe del mes. Bárbara odia hacerlo, así que me lo delega a mí. Ya trajeron la mesa que rompió la semana pasada la chica que bailaba sobre ella” Ambos sonríen.

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