El amor después del amor

Todo comenzó exactamente el 20 de agosto a la una y cuarto de la madrugada. Iba descalza, sucia, con un enorme bulto en la frente y una ceja con un delgado corte. “lleva todos sus demonios encima” pensó Flor sin poder apartar la mirada y fue cuando sucedió. Había sido un día frío, y el viento del sur soplaba en todas direcciones, de repente el tiempo y el espacio se detuvo. Ella se dio media vuelta y la miró directo a los ojos de Flor, que aunque titubeo, se acercó a la pequeña mujer que la desafiaba con la mirada.

-Hola, Soy Flor. – Saludo Flor sin apartar la mirada de los ojos que finalmente cayeron en pequeños parpadeos y fueron habitados por tristeza.

-Hola- respondió ella dejando de parpadear-Soy Soledad.

Flor sonrió. Camino con ella de la mano por la plaza principal, y se sentaron bajo un toborochi desnudo, en silencio  y sin soltarse la mano, mirando sin ver. Soledad, apretaba con fuerza una pinza de artesano con lo que –explicó-, solía hacer collares y aretes para vivir; pero que esta ocasión utilizaría para lastimar a su pareja, que la había golpeado minutos antes por celos. Flor la escucho en silencio. Podía ver el alma endemoniada de soledad que furiosa apretaba  los dientes mirando el suelo.

-ven a mi casa esta noche, no hagas tonterías-pidió sin pensar y luego se arrepintió. No estaba bien llevar extraños a casa. Soledad acepto.

“maldito destino, bendita  boca que habla sin que yo termine de pensar

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