Todo está bien

Ayer, los colores empezaron a tornarse difusos.

Ya no soy una niña, y Mercedes tampoco. Estuve observándola desde las rendijas del baúl de madera que se encuentra en la cocina, desde hace años que la observo.  Ya no será nunca más la niña de aquel verano de tormentas eléctricas con la que jugábamos a las escondidas para matar el tiempo.

Ella parece cansada, con el peso del tiempo sobre sus hombros ya rendidos, camina arrastrando los pies mientras suspira y clama a Jesucristo con más frecuencia en la última década.

Puedo, aún, recordarla como la niña inteligente de la familia. La que soñaba con viajar a Europa, casarse con el amor de su vida y no tener hijos hasta tener la vida asegurada; cuando la maestra nos pedía ser responsables insistía en que siguiéramos el ejemplo de Mercedes, pues alguien como ella tenía el éxito asegurado en la vida.

Nuestros padres, por otro lado, no querían que continuáramos con nuestra herencia campesina: Debíamos superarnos, estudiar, esforzarnos, salir de nuestros pequeños mundos y conquistar las grandes ciudades. Mercedes era quien cumplía todas esas expectativas, y por supuesto como ya dije, era nuestro ejemplo a seguir.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, ella ya no es la linda rubia de hoyuelos y sonrisa vivaz que enamoraba al adulto más severo. Mercedes, ahora con tres hijos adultos y tres pequeños mocosos jalándole la pollera durante todo el día, sigue viviendo en la misma vereda, en la misma casa donde se crio, rodeada de las mismas flores que la vieron crecer; sintiéndose encarcela entre camándulas, niños y guisos.

Sus pesadas piernas varicosas deambulan entre la cocina donde aún espero ser encontrada, y los corredores que afanosamente limpia al tiempo que espanta las gallinas y los perros que dormitan buscando la fresca del medio día o escampando de las lluvias esporádicas.

Su vientre caído parece aplaudir sus proezas en la cocina, mientras que con voz de sargento organiza cada día los deberes de sus hijos mayores que aún viven con ella. Mercedes nunca sale de la casa. Ni siquiera para parir.

Estoy segura que aún me busca.

Por eso permanezco a la espera, para no decepcionarla.

Pobre, después de tanto tiempo…

 

Hoy ha llovido todo el día, los niños no han ido a la escuela y salen esporádicamente con la excusa de “revisar” los animales del patio y chapotear en los charcos de barro. Mercedes está aquí en la cocina preparando una colada de plátano. Desde las rendijas de mi baúl, puedo percibir el aroma dulce de la canela

De repente, ella dice: ¡Juguemos a las escondidas!, Danilo cuenta hasta veinte.

Escucho la algarabía en las otras habitaciones donde los niños buscan afanosamente un buen lugar para ocultarse de Danilo que, mirando la pared, musita los números tan rápido como puede.

El baúl se abre y se cierra rápidamente.

Es ella.

Encogida desde su rincón, paralizada por la sorpresa, sus ojos se enfrentan a los míos:

– ¡Un, dos, tres por mí! – Exclamo por fin, aliviada.

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11 thoughts on “Todo está bien

  1. ¡Está increíble!, y es aterrador pensar que todos podemos perdernos en nosotros mismos, en el tiempo. Somos seres nostálgicos.
    Si pudiera te daría triple like o algo así ja. Un abrazo. 🙂

    Le gusta a 1 persona

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