La niña de la celda

Todo había ocurrido pocas horas antes, aun así,  la pequeña Susi no entendía todo lo que pasaba a su alrededor, ¿realmente se había portado tan mal?, pensó en el hombre que veía cada domingo en la iglesia, ¿él era tan malo como ella?

Susi, tenía cinco años la primera vez que lo vio, sentando en la segunda fila de bancos mientras el padre Rosendo, bendecía el agua que las mujeres habían llevado junto con algunas ofrendas y velas para los santos, luego con una rosa el sacerdote paso por mitad de la sala y salpicó con una rosa de plástico, gotas de agua bendita a los fieles que murmuraban oraciones a el hombre de las nubes como solía llamarlo Susi que se lo imaginaba sentado en una de ellas, como Gokú.

El hombre le guiñó el ojo derecho cuando ella se persignó con ayuda de su madre y Susi saltó de su lugar como si algo le hubiera pinchado las nalgas, su madre la reprendió, pero ella corrió en dirección al púlpito donde se hallaba un cristo crucificado y sin poderse contener vomitó sobre sus pies. Después de eso, cada domingo siguiente, el hombre se sentaba junto a ella y sus padres, sin que estos se percataran de nada extraño, sin embargo, Susi podía sentir una extraña mezcla de lavanda y mango que la hacía dormirse durante horas.

Como era pequeña, sus padres dejaron pasar las cosas y no se preocuparon por la extraña somnolencia de Susi, de hecho creyeron que era porque estaba creciendo, pero mientras dormía, Susi tomaba la mano del hombre y viajaba con él. Descubrió así que ella era aún más pequeña de lo que sospechaba y que dentro de las rosas vivían pequeños demonios que al defecar segregan un olor característico que deleitaba a los humanos. Cuando fue al centro de la tierra no encontró evidencia del infierno, y cuando trató de pararse sobre una nube, ésta se deshizo entre sus dedos. Pudo observar todas las personas del mundo en una sola tarde y solo vio que muy pocas tenían algo extraño dentro de sí, a lo que el hombre le dijo en un susurro que eso era a lo que llamaban alma y que no había que salvarla sino escucharla.

Pronto el estar despierta se le antojó aburrido y cuando cumplió siete años, una obligación. Las enseñanzas en su primer año de colegio le parecieron burdas y sin sentido, las visitas al museo una pérdida de tiempo.

Sin embargo, logró adaptarse y camuflarse con su entorno, sonreía cuando quería ser encantadora con los adultos, respondía correctamente en clases, hizo varios amigos y agradecía a sus padres.

Y debido a la proximidad de sus casas solían pasar las tardes junto a Romina y Daniel con quienes salía a jugar por las vías abandonadas del tren. Romina, era una linda niña  de cabellos rubios y labios rosados, proveniente de la Argentina y de descendencia sueca, solía pronunciar la Y de una forma vibrante, y siempre llevaba  una pequeña tiara, pues soñaba con  ser reina de belleza y  coleccionaba Barbie.

Daniel, era un chico alto de aspecto caminar pausado y voz afable, era el único de los tres que sabía ir en bicicleta y siempre estaba riendo. Romina y Susi, habían aprendido a “mangonearlo” a su antojo y con frecuencia se encontraba en la situación de elegir entre las dos amigas que comenzaban a rivalizar por sus diferentes opiniones.

Susi prefería utilizar la imaginación y los recursos que se le presentaban para jugar, mientras que a Romina, se le antojaba más divertido utilizar sus Barbie perfectamente cuidadas y sus casas, autos, Ken, etc.

A  Daniel no le importaba lo uno o  lo otro, el simplemente prefería no corretear tras un balón, ni ensuciarse demasiado así que no veía nada de malo en una u otra opción. Cuando alguna trataba de imponerse, los juegos se volvían aburridos porque a Romina le hacía falta su rival y a Susi le parecía que Daniel era anodino.

El domingo en que todo ocurrió, acababan de regresar de la iglesia cuando el cielo soltó repentinamente un fuerte aguacero torrencial que les obligó a buscar refugio en un oxidado vagón de tren, diez minutos después, Susi y Romina, discutían con toda la potencia de su voz sobre cualquier cosa y Daniel las observaba cansinamente desde un  rincón. Cuando pareció que el temporal iba a terminar, Susi salió dando un  portazo seguida de Daniel y minutos después salió Romina en dirección opuesta, rumbo a su casa.

Aquella noche Daniel, se acurrucó en el edredón de su cama y se obligó a dormir.

 

-¿no te parece que a veces es un poco odiosa?- le preguntó Susi cuando se encontraron  a mitad de camino en la tarde, a lo que  él respondió alzándose de hombros- creo que deberíamos darle una lección, enseñarle lo estúpida que es.

Daniel  dudo unos segundos, pero luego se acordó que la discusión había comenzado cuando él se negó a llevarla a casa por la lluvia.

-¿Qué podríamos hacer? ¿Decirle a su mamá?-se burló Daniel deteniéndose

-¿Qué te parece quemar sus muñecas?- respondió Susi antes de que Daniel terminara de decir mamá.

Ambos soltaron una carcajada al imaginarse la cara de Romina al encontrar con el espectáculo de sus hermosas muñecas carbonizadas.

-devolvámonos- instó Susi- sus padres están en mi casa esperándonos, tenemos dos horas antes de que regresen.

-¿crees que ella esté allá?

-eso no importa, mejor aún, tú la distraes y yo tomo las benditas muñecas. Vamos a mostrarle su futuro.

Daniel no pudo evitar estremecerse al escuchar el tono oscuro en que Susi estaba hablando, se le ocurrió más de una vez regresarse a su casa y hacer como si ese plan no hubiese existido pero temía a las represalias de su  amiga.

La casa de Romina era parte de una seria de apartamentos blancos en los que enviaban muchos inmigrantes que después al declarar, dirían que estaban acostumbrados de ver a los tres muchachos juntos y  no había nada sospechoso en su actitud, ya que además minutos antes, una empapada Romina había entrado a su casa y ellos supusieron que venían juntos.

Una vez ingresaron al pequeño hogar argentino, Susi le pidió a Daniel que vigilara la puerta y se dirigió a la habitación de  su amiga, donde esta se encontraba cambiándose la ropa húmeda.

-¿Qué haces aquí?- pregunto Romina cubriéndose el cuerpo con la toalla del cabello y cohibida de repente al ver la mirada belicosa de Susi.

-vine a jugar contigo a las muñecas Mina, ¿querías eso no?

-donde esta Daniel

-abajo, ¿quieres que lo llame?

-¡No!

-¿Qué es eso que tienes ahí?

 

Al recordarlo, Susi siempre se vería como la villana perfecta, fría, calculadora, no se exaltó ni cuando clavo por primera vez la varilla en el abdomen de Romina, quien  profirió una especie de chillido parecido a un cerdo en un matadero. Se escuchó decirle que estaba dispuesta a jugar a las muñecas y reprenderla por manchar el piso.

 

La adrenalina su sangre le ayudó a moverla sin ningún esfuerzo y acostarla en la bañera de sus padres, boca abajo para que se desangrara con más rapidez mientras buscaba en el maquillaje de la madre de Romina, y se encontró con un costurero del que sacó  hilo aguja para cocerle los labios y después de hacerlo, preparó el vestido rosado con tutú  blanco para ponérselo y perfume channel.

Mientras estaba en la bañera le lavó el cabello, lo secó y lo envolvió en un gorro de hule para no mancharlo, cortó un poco más los labios para asegurar la sonrisa que cosió ahora con hilo rosa.

 

Romina, estaba a punto de desmayarse, la oía moverse a su alrededor sin ninguna prisa, y sentía el corazón desbocado cada vez que se acercaba a ella.

 

-¿quieres ser una princesa de cuento Romi?- la voz pausada de Susi le llegaba como una frecuencia de radio mal sintonizada, las náuseas invadieron su cuerpo y sintió su bilis amarga pasando por su garganta, trató de devolverlo pero solo consiguió ahogarse.

 

-Susi, debo irme a casa- escuchó la voz de Daniel llegar desde abajo y el gruñido ambiguo de Susana que aun forcejeaba con las sabanas. La escuchó detenerse, oyó los pasos en las escaleras de madera, sintió la navaja clavarse en el pecho, en el vientre, en las piernas y todo fue como vivirlo desde arriba, con la sensación de haber respirado demasiado rápido. Y luego nada.

 

-oh, Romina, pero si al final resultaste ser una muñeca de plástico barato. Qué lástima- susurró Susi mordisqueando el labio.

 

Daniel entró sin llamar porque estaba acostumbrado a hacerlo, muchos años más tarde seguía teniendo pesadillas con una habitación que chorreaba pintura roja mientras el trataba de limpiarla frenéticamente, sin poder recordar porque se levantaba sudoroso.

 

-vamos -lo apresuró Susi, caminando con rapidez delante de él- se hace tarde, es mejor que no nos vean salir. ¿Estás bien?

 

Aun en su celda, Susi, no podía dejar de sentirse asqueada por la debilidad de su amigo, a quien no volvió a ver más que en los juicios desde lejos. Lo recordó dando tropezones en su bicicleta y pálido. Se preguntaba en ese entonces si en realidad sus cuerpos no habrían intercambiado de almas antes de nacer.

 

-lo importante es que no puedes decir nada Daniel, sino, nos mandan a la silla eléctrica, lo sabes ¿verdad?-sabía que él no respondería así que continuo hablando despreocupada- tal vez tú no hiciste nada, pero eres mi cómplice y eso también es un delito, al menos eso leí. Tenemos que ponernos de acuerdo para que no nos regañen. Diremos que fuimos a su casa porque nos sorprendió la lluvia a mitad de camino, ella llegó primero y dos minutos después nosotros entramos a la casa. Algunos vecinos nos vieron, Daniel ¿me sigues?- se detuvo y lo miró durante unos segundos antes de darse por vencida- tenemos que ser fuertes, fue un accidente ¿está bien? Si nos pillan, decimos que jugábamos, solo eso. Si no nos pillan decimos que cuando salimos ella estaba muy bien. Que solo fuimos a esperar que la lluvia parara, nada más.

 

-¿puedes parar de hablar Susi? Regresemos cuanto antes, no debemos llegar tarde, ¿Dónde está Romi?

(Continúa)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s