Cándida criatura

Pasaron dos horas, antes de que se diera la voz de alarma: un sádico había entrado en casa de una joven pareja y había asesinado a Romina, de diez años quien se encontraba en casa sola. Tanto Daniel como Susi fueron tomados como afortunados pues posiblemente habían salido segundos antes de que llegara el atacante, era la hipótesis de la mayoría. Durante el resto de la semana, los vecinos establecieron turnos para vigilar el vecindario y las escuelas, los forenses realizaban pruebas en sus laboratorios para cerciorarse de que no se trataba de un pedófilo, la casa de los padres de Romi fue invadida por flores y tarjetas dando el pésame, y en sus amigos y compañeros realizaron un mural en su honor. Todos consternados sospechaban de sus propios vecinos y recogían a sus hijos, realzando las prohibiciones y los toques de queda.

Daniel comenzó a orinarse en la cama por primera vez, y tener pesadillas recurrentes, sin darse cuenta comenzó a evitar a Susana y a quedarse solo en casa. Ella por su parte no notó el alejamiento pues se encontraba aun excitada por lo que había pasado, se sentaba sobre el sofá de la sala a recordar con fricción cada puntada de la aguja en sus labios, la puñalada de pecho y el crujido de huesos atravesados, la sangre caliente coagulándose en el piso en parches negros, el olor a hierro, los ojos vidriosos y el momento exacto en el que Romina solo fue tan solo un cuerpo vacío, un títere, un muñeca… se reía sin darse cuenta y permanecía silenciosa en los rincones sintiendo cosquilleos entre las piernas que la hacían sonrojar.

Pero las cosas cambiaron una semana después, cuando se descubrieron huellas en el cuchillo que olvidó sacar de la casa, Susana regresaba de la escuela, caminando pues solo estaba a un par de cuadras de su casa. Pudo ver desde lejos el automóvil de los policías y a ellos esperando que alguien les abriera la puerta, sin saber que sus padres trabajaban la jornada entera y no llegaban hasta muchas el anochecer. Se quedó mirando desde los arbustos hasta que los oficiales se marcharon y corrió hacia las vías del tren con su mente maquinando a mil por hora. No podía huir sin que alguna buena persona la regresase a su hogar, no podía ocultarse donde su único amigo a quien no veía ya y además sería el primer lugar en el que buscarían. “¡Pero si no tengo ni trece años!” se dijo mordisqueándose el labio inferior “¡qué es lo peor que realmente puede pasarme?” pensó en muchas posibilidades, pero luego se dio cuenta que no tenía más escapatoria que aceptar su culpa y aterrizar como los gatos.

Una vez en casa, encendió la televisión y aun con el uniforme de su colegio esperó la llegada de quienes se la llevarían, no había entrado en pánico, pero podía sentir su corazón agitado golpear contra las paredes de su prisión como un pajarito que  al despertarse después de vivir en completa libertad se descubre entre los barrotes de una infame jaula.

Sus padres llegaron a las seis en punto de la fábrica donde trabajaban y no notaron nada extraño en su comportamiento, tal como no lo habían notado días antes. Hora y media después le abrieron la puerta al oficial de policía que insistió en entrar y hablar con “la niña”.

-Hola Susi, soy el oficial Arteaga, quiero hablar contigo

Susana lo miró en silencio durante algunos minutos evaluando a su interlocutor antes de decidirse a hablar;  el hombre era canoso y gordo, de piel tostada por el sol, cabello engominado y pequeña estatura, arrastraba las palabras al hablar y le guiñaba el ojo derecho como diciéndolo que era su amigo.

-oficial- se limitó a decir, sonriendo despreocupadamente.

-¿Cuántos años tienes pequeña?

-cumple diez en octubre oficial- interrumpió Adela, la madre de Susi.

-¿de verdad?- los ojos del oficial se entrecerraron cansinos- creí que serias mayor, en la escuela te va muy bien ¿eh? Tus profesores dicen que eres muy inteligente, ¿Qué dices tú?

-señor, no entiendo por qué viene usted a interrogar a mi hija como si se tratase de una criminal, es tan solo una niña y ha tenido suficiente con la muerte de su mejor amiga.

Susi observaba la discusión con displicencia, se preguntaba dónde estaba el hombre de la iglesia en aquellos momentos y sonreía al oficial que se veía cada vez más avergonzado de tener que decirles a sus padres que ella era sospechosa del asesinato. Por último lanzó un suspiro, carraspeó y dijo:

-¿pero supongo que usted vendrá a decirme que se equivocaron y no es Romi la que está muerta, no? Ella dijo que jugaríamos en la piscina de su tía, en el verano. No puedo esperar tanto, pero soy paciente. ¿Cree usted que tengan flotadores en su casa? Yo aún no sé nadar.

Susana se preguntó si el silencio tendría algún sabor y se imaginó que lo saboreaba mientras los adultos se lanzaban miradas incomodas, su madre enrojeció y fulminó al agente Arteaga con la mirada.

-a eso vino, supongo. A confundir más a mi niña, que no hace más que estar por ahí en los rincones, sin poder hacer más amigos porque espera que Romina regrese, sin entender que la muerte es para siempre. ¿Se puede ser más inconsciente?

-señora, usted no ha entendido nada, pues le diré: encontramos huellas en el cuchillo con que fue asesinada su amiga y adivine de quien eran. Si, de su hija. De su niña. ¿Qué opina usted?

Más silencio.

Susana frunció el ceño. ¿Podría ser más tonta? Tanta lectura al caño, Agatha Christie no le había enseñado, Connan Doyle se sentiría decepcionado, Los Cinco se burlarían de ella. Sus estúpidas huellas en el bendito cuchillo. Se sintió más pequeña de lo que era y abrió la boca sin razonar.

-yo tenía el cuchillo, porque el señor de la iglesia, me dijo que las niñas como ella no merecen respirar el mismo aire que yo.

Cuando fue enviada a la correccional, no sintió miedo, consideraba a sus padres unos pobres ignorantes y ella misma dijo todo lo que tenía que decir sobre lo sucedido, olvidándose de Daniel, quien de todas maneras lo había reprimido.

Adoptó una postura sombría, permitiéndose dormir solo tres horas diarias, se negó a cortarse o peinar el cabello por lo cual le fue rapado, leía varios libros a la vez y hablaba solo para mandar a la mierda de vez en cuando a sus compañeros. Aunque según los tribunales, debía considerarse una enferma mental y recibir tratamiento psiquiátrico fue obligada a pagar servicio comunitario y fue internada en un centro para delincuentes juveniles, de donde saldría a los diecisiete años, por orden del juez.

Susi, que nunca sintió alguna especie de remordimiento se limitaba a ver la vida desde su habitación de malhechora con cara de pocos amigos ¿Quiénes eran esos que parecían tener el derecho de decidir quién podía vivir en una casa de dos plantas, o pasar toda su infancia en las cuatro paredes grises de un reclusorio juvenil?

No había hecho más que mostrar su opinión respecto a cierto tipo de personas que no creía que debían existir por su comportamiento errado para con el mundo.

Y ellos, ¿acaso no mandaban a la silla a los que consideraban inhumanos?, ¿no consideraban la guerra un acto de patriotismo?, ¿no hacían criar perros a los rasos para que luego como prueba de hombría se los comieran?, ¿no juzgaban como antisociales a los que tomaban las armas por un patriotismo menos pagado?

-es la cultura del odio, pero el odio encaminado según sus parámetros.- opinaba el señor de la iglesia que siempre aparecía en sus momentos de lectura.

-¿es la ideología de no seguir al sistema? ¡No me digas! La comida rápida engorda y los pollos tienen hormonas que te hacen homosexual. Pero nadie nos puso un arma en la cabeza.

-propagandas ocultas en los medios masivos de comunicación.

-sí, y Jesucristo en la iglesia y el Dalai Lama un Dios.

No, ella no creía en la voz de aquel hombre que quería palidecerle la vida, pensar por ella.

-…Los demonios entran a tu cuerpo en forma de enfermedad y te corren el alma y el cuerpo. La epilepsia es un ejemplo. Hermanos y hermanas, no dejen que el demonio corroa su espíritu, no dejen que invada su mente y los condene al infierno. Han escuchado, están advertidos, el maligno esta en las cosas más inocentes de nuestro medio. En las falsas religiones, en sus vicios, en muchas leyes nuevas de los gobiernos ignorantes, en nosotros mismos. Por eso dejemos entrar a cristo en nuestros corazones, porque en el habita la verdad, porque el día del juicio final el separa a los justos de los pecadores y aquellos que se dejaron tentar arderán en lo más profundo del infierno, por toda la eternidad, tengamos temor de dios hermanos míos. Huid del maligno y arrodíllense ante su salvador porque dios es equitativo y ama a su rebaño. Bendice, señor nuestros alimentos, las manos que las prepararon. Gracias señor por el pan de cada, por proveer de comida, paz y amor nuestro hogar. Amen.

Las horas de la comida eran su  condena, reunirse en un semi círculo con el resto de los habitantes del edificio y el pastor que cada tanto daba un discurso diferente le hacía acuerdo a las cenas vikingas. Aquella tarde, lanzaba miradas ansiosas a la puerta mientras se imaginaba la llegada de algún esclavo con jarrones de cerveza servida en cráneos. E incluso llego a pensar que te de tanto nombrar al señor diablo, este aparecería creyéndose bienvenido.

Aun no cumplía los trece años y no había recibido ninguna visita, así que comía con calma mientras los demás salvajes terminaban sus sopas de espinaca para dirigirse a la sala donde esperaban ansiosos a sus  padres y familiares.

 

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