El vigía

Descendió a la tierra,

relevó al guardián diurno

que horas previas velaba curioso a los mortales,

 

Y ahora descansa pesaroso en su duelo.

Bajo las estrellas al fragor de una fiesta pagana,

 

Florecen mis pechos, se expanden las alas,

un atisbo de mi universo en las caderas gitanas.

 

Mantis religiosa,

Eva junto al mar.

Divagaciones,

estornudos,

parábolas y fantasías.

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