Noche de baile

Xiomara era simplemente bella. Todos lo sabían y ella se limitaba a sacudir su sedoso cabello que caía en cascada hasta sus caderas. El espejo era su mejor amigo y comprar ropa nueva y de marcas internacionales era su única pasión. Estaba claro que estudiaría diseño de modas. Solo por el diploma, claro; ella no estaba dispuesta a trabajar ningún día de su vida.

Para la noche de su cumpleaños número diecinueve, había elegido un vestido rojo sangre y unos tacones brillantes plateados que hacían juego con su gargantilla y aretes de plata. No quería pasar desapercibida por supuesto.

Ella misma se maquilló, pues no le que gustaba que otros la utilizaran como papel de dibujo y decoró también sus largas y fuertes uñas, dejando que su madre se encargara de los bucles que daban forma a las puntas perfectas de su cabellera. Resultado final: era una princesa divina y todos los hombres la mirarían embelesados, algunos tratarían de invitarle una copa y los más osados expresarían su deseo de bailar con ella. Opero como siempre, Xiomara los despreciaría a todos con una sonrisita de suficiencia. Bailaría con algunas de sus amigas o solo se conformaría a observar despectivamente a su alrededor.

Solo iba a la discoteca para que la vieran cuan bella y difícil era. Toda una diva.

Cuando ella y sus dos compañeras de rumba llegaron al local, Pepe el dueño del club salía por la puerta de atrás con su mastín napolitano y alcanzo a saludarlas con aire casi que aburrido. Llevaba quince años en el negocio, tenía su vivienda allí mismo y el ruido de la música le producían mareos. Después de entregar la caja chica al administrador, le ponía la correa al perro que siempre lo acompañaba a todos lados y se iba fastidiado a saber quién sabe dónde.

Una de las amigas de Xiomara menciono lo estrafalario que era aquel hombre siempre en compañía de aquella bestia, pero cuando entraron a la zona VIP ya habían olvidado a Pepe.

Como de costumbre Xiomara pidió un trago virgen y cruzo las piernas observando con aire ausente a las personas que iban entrando “gente del común” pensó para sí haciendo inconscientemente un mohín con los labios.

A la media noche el local estaba a reventar. Había rechazado a nueve hombres de diferentes edades, estrato y color. Incluyendo un gringo despistado.

Se encontraba sola sentada mirando su celular, cuando una fragancia dulzona y ácida a la vez le hizo levantar la mirada en busca de su origen. De inmediato su mirada se cruzó con unos marrones, casi amarillos ojos que la observaban desde la barra del bar. Xiomara sonrió tímidamente.

Era un hombre bastante guapo. Bien vestido, alto, atlético con dos infantiles hoyuelos en las mejillas y los “bucles de cabello caoba perfectamente recortados le hacían parecer un querubín”.

Xiomara lo supo de inmediato: Era el hombre que esperaba. Él se acercó a ella y le tendió la mano invitándola a bailar, Xiomara tímidamente acepto la suave mano extendida y ambos se fueron a la pista de baile.

El corazón le latía con fuerza a Xiomara, la piel se le erizo cuando él posó su mano la cintura de ella y deseo en silencio no estar soñando. Era la mejor noche de su vida. Podía imaginarse los que tendrían.

Bailaba mirándole a los ojos como si solo los tuviera para ella mientras sus poderosos brazos dirigían la danzan haciéndola girar y revolotear con tanta gracia que podía sentir la mirada de las demás personas. “Eres hermosa” susurró su hombre dibujando en sus labios una sonrisa pícara “Quiero estar para siempre contigo”. Xiomara solo se limitaba a sonreír dejando escapar un profundo suspiro cuando el hombre poso tímidamente, pero con seguridad, un beso en el cuello de ella.

Xiomara temió desmayarse de la emoción “¿cómo te llamas?” pregunta acercándose al oído de él, que se ríe al verla cerrar los ojos para nuevamente suspirar. “¿Te sientes bien?” respondió él también al oído. “Como en las nubes, no quiero despertar” dice ella medio ronca, “No es un sueño” “mejor”.

Por primera vez Xiomara aparta la vista del hombre de su vida, quiere ver la cara de envidia de sus amigas, quiere verse en los espejos que adornan las paredes de la discoteca para reafirmarle a su imaginación lo perfectos que se han de ver juntos.

Pero cuando lo hace, no ve a nadie, se siente resbalar, pero los brazos de él la sostienen y ella mira al suelo que debería estar a sus pies pero que está mucho más abajo.

Lanza un gutural grito agudo y siente su cráneo golpear el suelo: Él la ha soltado. Él se la ha llevado.

Xiomara la bella y virginal. Rechazo a muchos y solo con uno bailo.

Cierran la discoteca, clausuran el local. Multan a Pepe que se alza de hombros, paga la multa y lo re abre.

Xiomara está muerta, sus padres la lloran.

Todos saben y nadie dice que pasó: Xiomara bailaba en el aire con un desconocido, bailaba y reía. Todos gritaban, la llamaban y ella bailaba y bailaba. Hasta que cayó.

 

Anuncios

5 thoughts on “Noche de baile

      1. Me lo contó el amigo, del amigo del tío de la prima de la sobrina del vecino del almacenero que atiende al novio de la hermana de una persona que conocí en el metro.

        Muy buen final, notable.

        Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s