¿Eres felíz?

“Hoy es veintisiete de agosto del dos mil doce” se dice organizando el bar, “antes de mi cumpleaños debo encontrar esa canción” Había leído en alguna parte, una revista tal vez, sobre una tribu africana que cuando un bebe nacía, se le cantaba una canción que había sido compuesta únicamente para él y que solo sería cantada en su sepultura, al momento de ser enterrado. “¿Por qué nacer en occidente, donde se había perdido la magia de la vida?” El universo está lleno de música para nosotros. Incluso el silencio, era parte del misterio. “¡el silencio es música señores!”. Que nadie lo dude.
Suspiró lacónico, preparó cubalibre para un grupo de excolegiales celebrando el reencuentro. Esperaba tener una noche movida. Caras, historias, gestos, sonrisas, miradas, parejas. Él observa desde su lugar de trabajo. Lo llaman Alex, las chicas le coquetean por tragos gratis y él sonríe guiñando el ojo derecho.
Es un hombre alto, de porte feroz, con más historias nostálgicas que cabello, sufre de repentinos dolores de cabeza y sufre de diabetes. Después de asegurarse de limpiar minuciosamente todo lo que compone el bar, cruza sus brazos y se para en mitad de la barra a esperar que llegue la clientela. Lo saludan con una palmada en el hombro, le preguntan por su hija, y piden una bebida mientras lo escuchan. Formalidad.
Todavía no era medianoche cuando llegó un grupo de universitarios, entre los cuales resaltaba una pequeña mujer con apariencia de niña, vestida de negro. Todos pidieron cerveza. Ella no. Prefería los cocteles. “Un mojito, por favor,” dijo sin sonreír. La mayoría de las mujeres lo hacen, como si les avergonzara o como gloriándose del hecho. Alex trató de perdurar el instante, ella observó atentamente su movimiento mientras él preparaba el trago. Yerbabuena, azúcar y limón, lo aplasta con el mortero, agrega hielo y ron para terminar y le da una pajilla. Ella levanta la mirada y sonríe: ¿es usted feliz? Y él contesta sonriendo: “lo soy”. ¿Lo era? La pequeña mujer se va. Saluda a alguien. A Bárbara.
Volvió a pensar en la canción, necesitaba una que hablara sobre él, que describiera como se sentía todos los días, desde que era niño.
“Hey, hombre de negro, regálame un poco de tequila”- pidió Bárbara. Él amplió su sonrisa, le preparó dos shots y ella se sentó en la barra encendiendo un cigarrillo bajo en nicotina.
“¿Cómo te trata la vida Alex?”
“pensaba en mujeres” respondió el después de una breve pausa. “Lo complicadas que son las mujeres y al mismo tiempo lo encantadoras que llegan a ser.”
“¿A qué te refieres?” Bárbara miraba directamente a los ojos y Alex se sintió invadido.

Premio More Passionate Blogger

Gracias a https://juniorprimero.wordpress.com nuevamente, por tenerme en cuenta. Tiene razón, es pasión por las letras el solo hecho de crear el blog y actualizarlo todos los días con las palabras que tejemos en nuestra alma.

La normas de este premios son:
Seguir al blogger que te nominó a este premio.
Crear un post de agradecimiento.
Nominar al/los blogger/s que sigues y que consideras que lo merecen por la pasión que entrega en sus entradas

Hoy destaco a :

https://vozdemoscu.wordpress.com/

http://futurodelagua.wordpress.com/

https://diasdealquiler.wordpress.com/

https://sombrillayglobos.wordpress.com/

https://luisjuli2.wordpress.com/

https://mariposasquebebenlagrimas.wordpress.com/

Saludos 🙂

Conversaciones 2

– ¿Por qué sonríes? Preguntó fastidiada.-¿te gusta?

Mmm no. ¿Porqué?

– Por que cuando hablo de ellas sonríes

– Es que hablas demasiado de ella

– Me da celos que venga con frecuencia a tu casa

– Viene porque yo se lo pido y siempre con Laura

– Qué le pasa, ¿No puede salir sola?

– No se siente segura con nadie

– ¿Por qué?

– ¿Cómo saberlo?

– Es rara

– Eso es lo que quiere que creamos. Pero es solo una chica vacía.

– Una chica vacía que te gusta por de más

– No es verdad Sofi.

– Si lo es. He visto cómo la miras, me da tristeza, porque ella parece no notarlo

– Es porque siempre anda distraída en sus asuntos y no nota ese tipo de cosas

– osea que admites que te gusta…

No lo admitió por supuesto, pero no necesita hacerlo.

– Su relación con su hermana es enfermiza ¿Por qué no la deja en paz?

– Alguna que otra vez la veo sola a Ella, siempre tiene golpes, mordiscos, es extraño…

-Sufre de ansiedad eso es todo.

-¿Ansiedad?

– Odia al resto del mundo. Y le teme a las multitudes.

-No te creo, es una excusa de una niña malcriada. Una bruja, las brujas no le tiene miedo a nada.

Alejandro

Alejandro enciende el televisor sin volumen, son las siete de la mañana y acaba de llegar de su trabajo y el frío que invadía la noche se le estaba adhiriendo a los huesos frágiles que había heredado de su madre.

Enciende la estufa y renueva el agua de la tetera para prepararse té y se sienta a escuchar la ciudad que apenas despierta de la noche del jueves. “Hará calor” se anuncia a si mismo observando el termostato que cuelga en su cocina, al lado del microondas. Marca veinticuatro grados centígrados. Su casa es fresca, nunca entra el sol por la ventana. Mientras esté a dentro, podrá evadir el calor sofocante de la ciudad que aún bosteza a esa hora del día. No tiene sueño y nunca duerme antes de las diez de la mañana.

Alejandro es barman de un club nocturno, el mas concurrido de la ciudad: un lugar donde los más variopintos personajes encontraban refugio para expresar libremente sus personalidades, o entrar en el personaje que sus máscaras les permitían proyectar. Todos en busca de algo: AMOR. Carnal o real, les traía sin cuidado. No se hacen tanto drama. Todos jóvenes. No como él, que tiene cuarenta y seis años. Cuarenta y seis y aun no encuentra el amor. Lo ha buscado toda su vida, en las miradas ansiosas de amantes ocasionales y la mirada escurridiza con la que terminaron sus tres ex esposas al divorciarse de él, en diferentes etapas de su vida.

Finalmente, después del té de manzanilla que lo ayudaba a relajarse, se recostó en el sofá y pudo dormir.

Cerca de las seis de la tarde, abrió los ojos con desgano.

“Otro día”, pensó mirando las manchas de humedad en el techo. Afuera el día que había comenzado muchas horas antes empezaba a culminar y el sonido de los roncos autobuses y los perros ladrando terminaron por despejarlo. Se levantó con lentitud de abuelo y aún sentado en el sofá-cama, arrastró sus pesados pies buscando las chinelas plásticas, todavía con los ojos cerrados, saboreando la hiel en su lengua y la sensación de estar vacío por dentro lo atacó nuevamente, obligándole a abrir los ojos al tiempo que inconscientemente se sobaba el estómago.

Caminó lentamente, abochornado: estaba viejo, sentía el mundo sobre sus hombros. Incapaz de continuar.

“Tengo cemento en las piernas” pensó sentándose mientras espera el auto bus. “tengo tapizado el corazón” había dicho una noche, después de hacer el amor. Ambos miraron la oscuridad en silencio, cuando despertó, ella ya no estaba. Se había marchado. Para no regresar. Su nombre era Flor. De ojos pequeños, cabello rubio y zapatos de tacón. A veces feliz, a veces triste. Nunca igual, siempre tan cambiante. ¿Pero cuando había sucedido? ¿Ayer, hace un año? ¿Dónde estaba la flor de mirada gris y espinas puntiagudas? ¿Había sucedido o la había imaginado?

No fue hasta que estuvo sentado en el minibús cuando se dio cuenta que aquella pesadez del cuerpo, la producía la multitud a su alrededor, los olores corporales, el tufo a coca masticada del chófer, los comerciantes con sus carros de fritangas, tripas y anticuchos, ofreciéndolos por la ventanilla; el par de niños sucios cantando alabanzas a cambio de monedas; los pasajeros parloteando, riñendo con el conductor por no parar en el lugar adecuado, bebés llorando, el caos musical de la radio y la juventud popular… Se sintió asqueado, bajó dos cuadras antes del “Estornudo de gato”, su trabajo, y las recorrió tratando de no visualizar la procedencia física de su desazón.  ¡Si pudiera huir! Como cuando tenía dieciséis años, simplemente empacó sus pertenencias en una valija de madera que perteneció a su abuelo y se fue. Se fue tan lejos como sus piernas le permitieron y solo regreso treinta años después cuando las heridas de la niñez por fin cicatrizaron. ¿Por qué resultaba tan difícil perdonar?

“Una canción. Una canción que me llene el alma, una canción que se pueda calificar como el himno de alguien; el mío. Una canción que sutilmente invada el corazón, y te sumerja en una especie de realidad alterna, donde eres y no eres tú” concluyó finalmente entrando al boliche de fachada negra y ventanas fosforescentes que anunciaban la apertura del local.

El amor después del amor

Todo comenzó exactamente el 20 de agosto a la una y cuarto de la madrugada. Iba descalza, sucia, con un enorme bulto en la frente y una ceja con un delgado corte. “lleva todos sus demonios encima” pensó Flor sin poder apartar la mirada y fue cuando sucedió. Había sido un día frío, y el viento del sur soplaba en todas direcciones, de repente el tiempo y el espacio se detuvo. Ella se dio media vuelta y la miró directo a los ojos de Flor, que aunque titubeo, se acercó a la pequeña mujer que la desafiaba con la mirada.

-Hola, Soy Flor. – Saludo Flor sin apartar la mirada de los ojos que finalmente cayeron en pequeños parpadeos y fueron habitados por tristeza.

-Hola- respondió ella dejando de parpadear-Soy Soledad.

Flor sonrió. Camino con ella de la mano por la plaza principal, y se sentaron bajo un toborochi desnudo, en silencio  y sin soltarse la mano, mirando sin ver. Soledad, apretaba con fuerza una pinza de artesano con lo que –explicó-, solía hacer collares y aretes para vivir; pero que esta ocasión utilizaría para lastimar a su pareja, que la había golpeado minutos antes por celos. Flor la escucho en silencio. Podía ver el alma endemoniada de soledad que furiosa apretaba  los dientes mirando el suelo.

-ven a mi casa esta noche, no hagas tonterías-pidió sin pensar y luego se arrepintió. No estaba bien llevar extraños a casa. Soledad acepto.

“maldito destino, bendita  boca que habla sin que yo termine de pensar

¿Cómo me sueñas?

¿En blanco y negro o a color?

Anoche soñé que me soñabas,

En el cielo brillaba una sonrosada luna de sangre y tú cansada

en medio del claro del bosque al que habías ido a recolectar bayas

caíste dormida por el hechizo de las hadas.

Entonces me soñaste.

Podía ver tus expresiones mientras lo hacías,

musitabas mi nombre.

Por momentos sonreías,

por momentos hacías pucheros.

En algún momento de tu sueño por tu mejilla se deslizó una lágrima,

Al probarla supe que era de felicidad

¿Cómo me sueñas?

¿Siendo yo misma o siendo cómo tú necesitas que sea?

 

 

Espontaneidad

Sofía aun no cumplía diecisiete años cuando conoció a Flor. Se conocieron por casualidad en el baño de una gasolinera.Sofía bajó del un jeep de sus padres a lavarse el rostro después de una acalorada discusión. Iba descalza y llevaba un vestido blanco. Sus pies estaban tan negros que podría decirse que tenía una especie de capa “protectora” a su alrededor.

Sofía dejó que el agua fría la refrescara. Iba de viaje con su familia a las cataratas del Valle donde pasarían el fin de semana, eso le gustaba. La naturaleza.

Cuando levantó la mirada y la posó en el espejo que no solo reflejaba su rostro de cachetes prominentes sino también la mirada fría de un rostro pálido y sonriente que la observaba irónicamente.

-Hola.- Dijo el reflejo traslúcido y Sofía se atragantó con el agua que acababa de beber produciendo un ataque de tos.

Flor también se sorprendió al entrar al baño y encontrarse con la figura gris de Sofía que tomaba agua de la llave y gruñía imperceptiblemente.Observo mientras tosía, los ojos grises de Sofía estaban cubiertos por varias mechas de su cabello ensortijado que caían salvajemente a su alrededor y estaban empeñados de lágrimas.

Esperó pacientemente a qué el ataque de tos terminara, luego la tomó de la mano y salieron corriendo sin decir nada. Sofía se preguntó que tan real podía ser ese instante, dándose cuenta que realmente no le importaba ni la realidad ni el destino al que se dirigía. Cualquier cosa era mejor. Flor tampoco supo a donde, solo se dejo llevar por el impulso, se subieron al primer camión que les paró y se marcharon.

 

Reto WordPress: 3 DÍAS DE FRASES FAVORITAS.

 

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Tercer día del reto hecho por juniorprimero.wordpress.com  

Reglas:

1. Publicar en tres días ( no tienen que ser consecutivos necesariamente) tres frases. Pueden ser de un libro, película, canción, etc.

2. Nominar a tres blogueros en cada entrada para retarlos.

 

Primera frase:

“Grábame como un sello sobre tu corazón; llévame como una marca sobre tu brazo. Fuerte es el amor, como la muerte, y tenaz la pasión, como el sepulcro. Como llama divina es el fuego ardiente del amor.”

El cantar de los cantares.

 

Segunda frase:

¿Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón y no por los hábitos y los deseos?

khalil gibran

 

Tercera frase:

How does it feel ?
Aw, how does it feel ?
To be on your own ?
With no direction home ?
Like a complete unknown ?
Like a rolling stone ?

Bob Dylan, Like A Rolling Stone

¡Hoy no reto a nadie! Que tengan un hermoso miércoles 🙂