volar, viajar, vivir.

​Viajar es como volar.

Volar es improvisar, 

Es batir las alas muchas veces y seguir sintiendo el vértigo de primera vez. 

Volar es vivir. Atreverte a no pensar en el aterrizaje, desear jugar con el viento que acaricia tu piel. 

Es soñar y dejar que el sueño palpite en tus venas. Es ser la persona que crees ser. 

Divago.

Sugiero que nos desgarremos la piel.

Tal cual.

Por tus propias razones aprieta los dedos contra ti,

hunde las uñas y arráncala sin miramientos.

No te des tiempo de sentir dolor,

es solo una rutina de baile,

luego tú y yo. No es una imagen mental.

Es una ruta de escape.

Un brote que se niega a florecer,

Una felicidad triste, un aroma inmortal.

Al borde de la calle, hay un gato sin hogar,

no le des refugio, no le des lugar.

El bálsamo de tu presencia

Puedo escribir poemas sobre la piel de tu vientre,
puedo hablar de amor con mi lengua en tu ombligo.

Los pliegues de tus labios no guardan secretos.
Jadeas en el punto culminante,
la sangre se detiene,
el corazón ya no late.

El rosa de tus mejillas se desvanece y
el brillo de tus ojos se convierte en cortante vidrio,
la primavera contenida se desvanece,
el hedor del mundo corroe la pureza.

Puedo ver como se escapa el bálsamo de tu presencia,
puedo sentir la rigidez que comienza desde tu interior.

Una historia para Halloween (III)

El sábado no había mejorado la condición climatológica, la neblina comenzaba a volverse espesa y el frío de la noche anterior le provocó tantos calambres, que todavía sentía cierto dolor en los músculos. Mientras esperaba en la parada de autobuses, frotó sus manos enguantadas en busca de calor. Odiaba el invierno.

El paisaje gris de la ciudad que se extendía a su alrededor, le parecía descorazonador, aun las casas que de alguna manera intentaban resaltar con colores alegres parecía que con los días iban adquiriendo un tono grisáceo. El frío era un cáncer.

Aun el transporte público era embargado por un hedor a personas cansadas, a trabajos odiados y a hormonas adolescentes, las ventanas cerradas que evitaban que el aire circulara era una tortura a sus fosas nasales y el roce con las demás personas era demasiado incómodo.

Al bajar del autobús el frío chocó contra su rostro que enseguida enfrió sus orejas desnudas y la nariz se le enrojeció.

Carla lo espera con sus enormes ojos cafés en la entrada y sin decir nada tomó la maleta donde cargaba la ropa para los días que estaría junto al doctor. Hasta el momento no se había formado ninguna impresión sobre su trabajo o jefe. No le quedaba otra cosa que realmente darse a conocer y de cierta forma era algo positivo que se le hubiera pedido que se quedara algunos días con él.

—Esta noche se quedará en casa del doctor. Enviaré su equipaje. Por el momento diríjase al laboratorio.

 

Julio asintió y sin decir palabra hizo lo que se le ordenaba. El profesor estaba enfrascado en una conversación telefónica. Observó como este se desenvolvía fácilmente en el idioma en que lo hacía… tal vez alemán, tal vez ruso. Y aprovechó para ponerse el guardapolvo, desinfectar sus manos y ponerse los guantes de látex.

Se acercó a la jaula de los roedores. De alguna manera le fascinaba ver como los animales también tenían rasgos de personalidad que generalmente pasaba desapercibidos. Una de las ratas corría frenéticamente de un lado a otro, otra se llenaba los cachetes con semillas de girasol y aunque parecía que no entraría una más, ella simplemente hacía el espacio necesario y continuaba en su labor. Otra dormía y otra observaba desde un punto alto a las demás. El brillo rojo de sus ojos parecía estar analizando la situación y cuando la que corría frenéticamente se le acercó por casualidad, Julio tuvo la sensación de que el ratón adquiría una mirada desaprobatoria y que el chillido ronco que emitió no era algo común.

 

—¿Cómo se siente usted? — La voz del doctor le hizo sobresaltar.

—Doctor. Buenos días, muy bien, gracias ¿En qué le puedo ayudar hoy?

—¿No me escuchó usted ayer? En nada. Quédese por ahí, donde lo pueda ver. Luce cansado.

Julio sonrió. Sólo podía obedecer.

 

 

 

Al finalizar el día, Julio se sentía más cansado, pese a que no había hecho nada. No solo los músculos de las piernas le dolían, si no que podía sentir que su temperatura había aumentado. Posiblemente se resfriaría, pensó que era un mal momento para hacerlo, pues no quería ser un estorbo para el profesor.

El reloj marcaba las ocho de la noche, reprimió un bostezo y se acomodó en el sillón. No pudo evitarlo, se durmió en un parpadeo descuidado.

TUYA. SOMOS. ERES. MÍO.

Lluvia de emociones,

mortales juegos de placer,

navidades caducas,

parásitos que me consumen.

Opciones,

opciones…

Me supera el instinto,

me arrastra la mierda

de pirañas que no saborean.

TUYA.

Velo de madreselva,

seda que me ata.

Me deshago difusa,

contaminada y herida.

SOMOS.

Amapolas marchitas,

música que empalaga,

mi cuerpo violento

ve a través de ti

 ERES.

Diosas del rock and roll

Entiendo el timbre compuesto de la preocupación absurda,

y tus ganas de herir.

señalas desde el pedestal,

prejuicioso y severo.

MÍO.

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Una historia para Halloween (II)

Una historia para Halloween (I)

En la universidad todos hablaban del Doctor Sanguijuela como un ser maligno y egoísta que disfruta de reprobar ensayos y tesis, pavonearse de su superioridad intelectual y estar presente en su aula sólo para realizar los exámenes. Eran pocos los que sobrevivían a sus clases y pese a todo era muy popular entre alumnos y profesores ya que cursar su materia era un privilegio, y más aún aprobarla, sus aportes a la institución, como dije antes, eran valiosos y el estado donaba constantemente recursos para el avance y desarrollo de la misma.

No se le conocía familia alguna y todo lo referente a su vida personal era completo misterio, la única persona que lograba sentirse sinceramente cómoda cerca de él, era su secretaria que parecía no tener mucho que decir sobre si misma o sobre el profesor. Ella también formaba parte del misterio.

Le habían apodado Doctor Sanguijuela porque con frecuencia su inmaculado guardapolvo blanco tenía motitas de sangre de los animales con los que realizaba sus experimentos. Los demás docentes siempre estaban puestos a servirles e incluso no veían inconveniente en realizar mandados para semejante genio. Aun cuando a veces había pequeños brotes de envidia que el ignoraba olímpicamente pues consideraba aquel sentimiento como algo banal y puramente humano. Él estaba por encima de aquella estupidez. Sobre todo, ahora que estaba a punto de lograrlo, que tenía en sus manos los resultados perfectos de su arduo trabajo. Incluso relegó su labor como docente a un sustituto provisional y se enfrascó durante meses en la fase de prueba.

Los primeros sujetos, ratones blancos, perecieron rápida y dolorosamente los primeros días. Llegó a desanimarse un poco, pero continúo cuando por accidente su pequeño minino bebió del té con leche que solía darle de alimento a los roedores. No supo inmediatamente si era la leche o la condición molecular del gato en cuestión, así que después de analizar su sangre y heces por varias semanas, realizó una necropsia que arrojaría los resultados más inesperados: Aquel día, su secretaria, había cambiado el té de frutos rojos por té común.

Mandó a comprar hojas secas de árbol de té en una tienda naturista y hojas frescas en un invernadero. Para medio día de aquel último soleado de noviembre, tenía potenciado y aislado cada uno de los compuestos químicos del bendito producto.

Fue una navidad adelantada… si celebrara la navidad.

Para enero el suero creado era demasiado perfecto, lo había logrado.

Lo único que restaba, era conseguir el sujeto de prueba perfecto.

La lluvia

El mundo empieza a derretirse frente a mis ojos, las gotas en las que se ha convertido se escurren por entre los dedos del universo,
la lluvia empieza adherirse a mí, la humedad deja que mi piel adquiera un tono verdoso y mi mirada tome una luz de lejanía acuosa. Incluso los suspiros vienen cargados de nubes que chocan entre sí, formando en lo profundo pequeñas tormentas, y grandes descargas eléctricas.

La lluvia arrulla mis sueños,

me sumerge en el sopor de las nostalgias.

me acaricia, me besa, me lleva.

la lluvia es furia contenida que me limpia y me ensucia,

que empaña los cristales de mi alma con su vaho de pesares.

La lluvia viene de improviso, enfriando nuestros corazones para que aprendamos a reconfortarlo,

La lluvia es niñez, charcos, niños, juegos, y la esperanza de un sol prometido.

El rastro de tu sangre en la nieve-G.G.M

” Imagínate-dijo:-un rastro de sangre en la nieve desde Madrid hasta París. ¿No te parece bello para una canción?”

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El rastro de tu sangre en la nieve es una historia que leí a los 10 años y que me fue regalada por mi cumpleaños junto a toda la colección del autor hasta ese momento. De verdad no puedo escoger un relato, una historia o alguno de los escritos de García Marquez como favorita. Pero esta me encanta, por su tragedia y la belleza con que retrata el tiempo de los protagonistas juntos. y por que si.

Este y los próximos tres, van de cuenta de la nominación de https://artetodasoy.wordpress.com/

Saludos!